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Declaración Final CONFERENCIA INTERNACIONAL cambio
“¿Quiénes están detrás de las defensoras? ¡La comunalidad! Las comunidades, los procesos organizativos y la capacidad que tienen las mujeres de tejer en el territorio y de disputar ese poder corporativo, capitalista, colonial y patriarcal que pretende individualizar las luchas y hacerlas de sujetos heroicos invisibilizando este tejido social”.
Paula Portela – Área de Conflictos Mineros, Censat Agua Viva
A las cinco de la tarde del 28 de septiembre, en una de las salas del Centro Cultural Gabriel García Márquez en Bogotá, La ilusión de la abundancia empezaba a proyectarse. Fue una fecha muy propicia porque, siendo el día internacional por el acceso al aborto legal y seguro, el retrato de las resistencias de las mujeres en defensa de sus territorios nos hacía pensar que la lucha contra las lógicas patriarcales, la defensa de la autonomía de nuestros cuerpos y la defensa de los territorios, son cosas que van de la mano y se tejen juntas en nuestras resistencias.
En la pantalla las voces de Berta Cáceres y su hija Berta Zúñiga (Honduras), Máxima Acuña (Perú) y Carolina De Moura(Brasil) retrataban con rabia y dolor las consecuencias encarnadas del modelo extractivista, mientras que en la sala llena se desgarraba el corazón y afloraba la indignación frente a tanta injusticia. Por ejemplo, Carolina De Moura mostraba los vestigios del pueblo de Brumadinho, Brasil, destruido por la catastrófica avalancha de la represa de aguas residuales de una mina de la compañía Vale S.A. Al escucharla y verla, se sentía entre los y las asistentes un gesto espasmódico de “asombrodolor”. En contraste, resultaban indignantes las imágenes de alguna oficina del mundo en la que dos hombres sonrientes de corbata estrechan sus manos negociando reparaciones injustas ante situaciones tan perversas, para que luego otro hombre de corbata las anunciara como un gran logro en uno de esos discursos de cajón sobre el progreso, la seguridad y la abundancia.
Este documental, dirigido por Erika Ramírez y Matthiu Lietaert, retrata tres casos de la lucha contra el modelo extractivista y el poder corporativo de las transnacionales que destruyen los territorios con la promesa de la abundancia, que ha terminado por convertirse en sinónimo de destrucción, despojo, persecución y la pérdida de la vida misma por el asesinato de lideresas y la degradación de los territorios.
El primer caso retratado es el de Máxima Acuña campesina indígena peruana, agricultora y defensora de su tierra y lagunas en contra del megaproyecto minero Conga, de propiedad de Newmont Mining Corporation y la Compañía de Minas Buenaventura. Ella, acompañada por otras personas de su comunidad, le ganó a esos gigantes corporativos los procesos judiciales con los que pretendieron expulsarla de su territorio. La consecuencia es que su vivienda fue cercada y vigilada por el proyecto minero para llevar a cabo sus operaciones, haciéndola vivir en una fuerte zozobra que, en todo caso, no la hace desfallecer ni cejar en su empeño de quedarse en su tierra.
El segundo caso es el de Berta Zúñiga, lideresa ambiental hondureña y coordinadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh) e hija de Berta Cáceres, indígena lenca hondureña, lideresa en la resistencia contra la hidroeléctrica Agua Zarca, quien fue cruelmente asesinada en su casa en el 2016, con el objetivo de desintegrar la lucha que ella abanderaba. Sin embargo, tras el asesinato de su madre, junto a su organización, el Copinh, Berta Zúñiga ha convertido ese dolor en más fuerza para seguir resistiendo contra el proyecto hidroeléctrico y su brazo asesino, con el fin de hacer justicia por su madre y el pueblo y territorio lenca.
Finalmente, el último caso es el de Carolina De Moura, habitante de Mina Gerais, quién lleva años buscando justicia en diferentes instancias por las personas asesinadas y los desastres irreparables ocasionados tras la ruptura de la represa de desechos tóxicos mineros en Brumadinho en 2019, tan solo cuatro años después del desastre de Mariana, ambas represas de la empresa Vale. En todos estos escenarios enfatiza cómo este desastre no puede ser compensado monetariamente por la empresa, sin que hayan sido judicializados por lo cometido. Así, a través de estos casos, el documental expone cómo los impactos irreparables de la operación de las transnacionales quedan en una profunda impunidad por el aparato económico, político y judicial con que cuentan, tanto compañías como los Estados, tantas veces cómplices del daño.
Escuche Brumadinho, la canción que esta historia inspiró en El otro Iván
Luego de la proyección, en la sala se conversó, se lloró y se cantó con las intervenciones de las comentaristas del documental y el público. Maryluz Uriana, representante del Colectivo de Defensoras del Territorio del resguardo de Provincial en La Guajira, denunció el accionar de Carbones del Cerrejón, propiedad de la empresa Glencore, en su territorio y la forma en que, con complacencia de algunos miembros de la comunidad, juzgan y hostigan a las mujeres que se resisten a normalizar que la vida de sus familias y ellas mismas sea acabada por la contaminación producida por la actividad minera. Por su parte, Bertha Zúñiga Cáceres protagonista del documental que estuvo presencialmente en la actividad, compartió su experiencia como coordinadora del Copinh después del asesinato de su madre, la importancia de seguir organizándose y de contribuir, desde diferentes expresiones artísticas y culturales, a sostener la memoria y la alegría de la lucha. Adicionalmente, Paula Portela, en nombre de Censat Agua Viva y de la Red latinoamericana de mujeres defensoras de los derechos sociales y ambientales, reconoció la importancia de las mujeres en la defensa territorial como sostenedoras del tejido social y, por tanto, la necesidad de valorar las luchas territoriales desde los principios de la comunidad, la cohesión y el tejido, más que como esfuerzos individuales y particulares.
Lo cierto es que estas mujeres y sus comunidades resisten… no aguantan. La palabra dulce de Máxima, Carolina y Berta que se enseña en La ilusión de la abundancia, nos aterrizan en la cumbre de sus montañas con una mirada de los flagelos del extractivismo y cómo es su lucha contra ellos desde la digna rabia y el “acuerpamiento”, esto es, según Lorena Cabnal, indígena maya-xinca y feminista comunitaria, “la acción personal y colectiva del encuentro de los cuerpos indignados para proveerse de energía política, afectiva y espiritual, para resistir y actuar contra las múltiples opresiones patriarcales, colonialistas, racistas y capitalistas”.
Estas lideresas, como muchos y muchas más, defienden la vida en sus territorios, desde una mirada en que la abundancia no es la promesa de acumulación para unos pocos, sino la idea de diversidad y riqueza de una vida común en dignidad y bienestar verdadero.
Invitamos a ver el tráiler de La ilusión la Abundancia y a estar pendientes del Instagram, Facebook, Twitter del proyecto para próximas proyecciones.
Escuchen también la canción que esta actividad inspiró en El otro Iván, llamada “Brumadinho”.

Por: Gloria Holguín Reyes* – columnista invitada**
La explotación de carbón a cielo abierto en el país ha conllevado a décadas de conflictos socioambientales, como es el caso de La Guajira con más de 40 años de actividad extractiva en el territorio. A pesar del reconocimiento del Banco Mundial, sobre los impactos de la minería sobre el agua, la empresa Carbones de Cerrejón niega dichas afectaciones en su operación.
En los meses de julio, agosto y septiembre, La Guajira, la empresa Carbones de Cerrejón Limited y el presidente Gustavo Petro han sido protagonistas en los medios de comunicación. Luego de su visita a ese departamento a principios de julio, cuando se declaró la Emergencia Económica, Social y Ecológica a través del Decreto 1085, y los posteriores decretos para atenderla, surge el debate sobre el carbón en La Guajira. El hecho de que este sea el territorio con uno de los mayores yacimientos mundiales de carbón y con la explotación a cielo abierto más grande de América Latina obliga a poner la lupa sobre el mismo. Los impactos sobre las fuentes hídricas y la proyección de cierre después de cuatro décadas de explotación son algunos de los ejes del debate alrededor de La Guajira. De cara a la operación de la empresa Carbones del Cerrejón surge la disputa entre: agua vs. carbón, en un contexto donde la empresa tiene proyectado el cierre de operaciones en 2034 y en el que a pesar de las fuertes críticas y denuncias de las comunidades afectadas por la operación minera, esta continúa ganando premios. Mientras tanto, Gustavo Petro luego de declarar la emergencia sostiene conversaciones con su par de Suiza, Alain Berset, acerca de una “salida concertada” de Glencore, actual dueño de la totalidad de la operación de Cerrejón.
Pero, ¿qué significa que Cerrejón tenga una proyección de cierre a 2034? ¿Por qué Petro habla de salidas concertadas?
La realidad es que los impactos de la operación de Cerrejón por más de cuarenta años no se terminan de dimensionar a pesar de la crisis económica, social y ecológica que vive el departamento. De acuerdo con el asesor científico de AIDA, Andrés Ángel Huertas, en su estudio “Impactos a perpetuidad: el legado de la minería”, extraer minerales conlleva a remover coberturas vegetales y suelos, así como la destrucción de la estructura geológica local de la zona explotada; impactos que son irreversibles a escala de tiempo humana, dado que los procesos para su restauración se producen a escala de tiempo geológica (decenas de miles a millones de años).
Además el país y el departamento no están preparados para dejar de recibir los recursos que se reciben por regalías sin una verdadera planificación responsable del cierre de mina. Si bien para algunos la dependencia presupuestal que tenemos de las regalías del Cerrejón es indiscutible, también es cierto que las exuberantes cifras disminuyen cuando se tiene en cuenta la reducción de impuestos de la que goza esta actividad minera, además de las evasiones contables. Además, es indiscutible la necesidad de salir de una economía de enclave minero que solo ha traído empobrecimiento a los pueblos. Superar la dependencia en una economía de enclave minero implica la reconversión económica de la región, la recuperación del territorio y sus fuentes hídricas y la reparación del tejido social y cultural para reconstruir medios de vida dignos y con garantías de derechos. Dejar de percibir esos ingresos sin un plan o medidas para una reconversión económica resulta problemático. Sin embargo, esta no debería ser la excusa para mantener esa economía de enclave dependiente. Por el contrario, es necesario planear y proyectar el cierre minero, la reconversión productiva y la reparación del territorio.
De acuerdo con Cerrejón, en 2022 se giraron $3,7 billones de impuestos y regalías. A pesar de esto, el desarrollo prometido hace cuatro décadas continúa sin verse. Por el contrario en la zona de operación de la empresa existen múltiples conflictos socioambientales alrededor del acaparamiento, apropiación y contaminación del agua. Indicios de un reconocimiento gubernamental que los impactos de la actividad minera tengan alguna relación con la crisis actual del departamento se plasman con el Decreto Presidencial 1277 donde se adoptan medidas en materia ambiental y desarrollo sostenible, entre ellas la prohibición de expansiones, o nuevos frentes de explotación de los proyectos de minería de carbón existentes; desviaciones del río Ranchería o de sus afluentes y el desarrollo de nuevas actividades de exploración o explotación de minería de carbón sobre zonas de recarga de acuíferos o que impliquen la remoción de capas de acuíferos.
En efecto, la explotación de carbón a cielo abierto en el país ha conllevado a décadas de conflictos socioambientales, como es el caso de La Guajira con los más de 40 años que lleva la actividad extractiva en este territorio. A pesar de este reconocimiento del Banco Mundial, sobre las afectaciones de la minería sobre el agua, la empresa Carbones de Cerrejón niega dichas afectaciones en su operación.
Según información suministrada por Cerrejón a la ANLA, en área del proyecto minero se han realizado treinta y ocho (38) intervenciones de fuentes de agua superficiales en el marco de la operación del Cerrejón. De igual forma y según información suministrada por Corpoguajira, entre 2018 y 2023 se han iniciado once (11) procesos sancionatorios en contra de Cerrejón, la mayoría de ellos por incumplimiento en permisos de vertimientos de aguas. Sobre intervención en aguas subterráneas aún no se tiene una respuesta formal de las autoridades ambientales frente a derechos de petición presentados por Censat Agua Viva. Mientras tanto, Carbones del Cerrejón niega los impactos sobre los efectos del cambio del ciclo del agua por la remoción de decenas de millones de acuíferos aluviales en zonas mineras y no reconoce su responsabilidad en los conflictos socioambientales alrededor de la minería.
Mientras Cerrejón niegue los pasivos ambientales y los impactos a perpetuidad (o impactos irreversibles), la consecuencia será la omisión de medidas frente a los mismos dentro del Plan de Cierre de la operación minera. Al respecto, la ANLA explica que, en la actualidad, no se cuenta con un estudio relacionado con impactos irreversibles ocasionados por la operación minera de Cerrejón. Además, aclara que el concepto de “irreversibilidad” no se concibe como tal en el marco de identificación de impactos, ya que se debe manejar la jerarquía de la mitigación donde si un impacto no puede ser corregido, mitigado o prevenido, debe ser compensado. Ahora bien, para llegar al establecimiento de una compensación por un impacto irreversible, es necesario llegar al cierre de la mina, haber identificado impactos no previstos y realizar la verificación de efectividad de las medidas ambientales adicionales por impactos no previstos. Solo ahí, según la ANLA, se podrá empezar la identificación de impactos irreversibles, para proceder a la imposición de medidas compensatorias.
El plan de cierre preliminar de Cerrejón, previa actualización en abril de 2023 establecía un periodo de cinco (5) años para el post-cierre. El Plan de cierre borrador actualizado establece que los indicadores de éxito son los parámetros para medir el nivel de eficacia de las medidas de cierre y por tanto son la base para determinar los programas de monitoreo a incluir en el post-cierre. Al respecto surgen varias dudas: ¿Por qué los indicadores de éxito propuestos por la empresa en el componente socioeconómico solo se enfocan en brindar información y en socializaciones? ¿Por qué no se contemplan indicadores de éxito relacionados con la posibilidad de contar con medios de vida sostenibles a largo plazo luego del cierre de la mina? ¿Cuál debe ser un periodo de tiempo razonable para realizar el proceso descrito por la ANLA – de cara una posible identificación de impactos a perpetuidad? Lo anterior atendiendo que la empresa lleva desconociendo este tipo de impactos por cuatro décadas a pesar de toda la investigación científica que desde hace algunos años empieza a demostrar la existencia de pasivos ambientales e impactos a perpetuidad como la destrucción de acuíferos y la desviación de ríos.
Dada la magnitud de los impactos a perpetuidad, poner el foco en los impactos sobre las fuentes hídricas, la disminución de la calidad del agua y el entorno sociocultural que las rodean es fundamental para entender los conflictos socioambientales que se generan en los territorios en ocasión de la operación minera de la empresa Carbones del Cerrejón.

Foto: Censat, Agua Viva
En un contexto de crisis climática, urge anticipar, actualizar y reconfigurar los planes de cierre de la mina para que estos contemplen medidas de atención adecuada de los pasivos ambientales y un camino hacia la reparación integral sobre los derechos territoriales y de los pueblos. Esto debe implicar primero el reconocimiento de estos impactos, su magnitud y por tanto contemplar un presupuesto que permita dar una respuesta estructural a la situación. Esto debe ser parte de la agenda del presidente Gustavo Petro con su par de Suiza, Alain Berset para la salida concertada de Glencore.
Es necesario que dentro de la transición energética y económica se contemplen mecanismos de reparación frente a los daños causados sobre los derechos humanos y las vulnerabilidades ambientales generadas. Muchas de las afectaciones denunciadas por las comunidades afectadas por Cerrejón también son corroboradas en el Decreto 1085 de 2023 cada vez que describe la situación de crisis económica, social y ecológica que vive el departamento.
En la propuesta de Petro, la deuda en derechos humanos sigue siendo tema ignorado al hablar de transición, descarbonización y cambio climático. Lo anterior a pesar de las numerosas sentencias de Cortes en Colombia que corroboran numerosas violaciones a derechos humanos y daños ambientales de comunidades indígenas y afrodescendientes asociadas a las operaciones de la mina en Colombia.
La expansión minera y el acaparamiento de tierras para el desarrollo de la explotación minera ha implicado la restricción del acceso a bienes de los cuales la población wayuu, pero también la población afrodescendiente y campesina, depende para el desarrollo de actividades de subsistencia y la satisfacción de necesidades básicas. También implicó la negación de los espacios de encuentro, recreación y construcción de identidades, ya que el cercamiento de áreas que solían ser de libre circulación, restringieron el paso a antiguas áreas de pastoreo —actividad productiva, ancestral y cultural de las comunidades wayuu— y bosques donde las comunidades tenían disponibilidad de plantas y árboles importantes para la medicina tradicional, la obtención de materiales para la construcción de las viviendas, la recolección de frutos y la caza de animales. Finalmente implicó la restricción del acceso a diferentes fuentes hídricas, como ríos, arroyos, quebradas, molinos, jagüeyes y pozos, que además de la satisfacción de las necesidades de consumo doméstico, actividades productivas y soberanía alimentaria en general, tienen un importante significado cultural al ser lugares sagrados de encuentro, de esparcimiento, de socialización y de recreación, de los cuales depende la significación social de la naturaleza y el sostenimiento de la vida y la cultura.
En mayo de 2023 el 29,2 % de los inversionistas de Glencore votaron a favor de una resolución en la que se le pide a la empresa una mayor transparencia sobre cómo se alinea la cartera del carbón térmico con la contribución para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C. Dentro del compromiso con la descarbonización de su propia huella operativa, Glencore anunció el cierre seguro de las minas Calenturitas y La Jagua en Cesar, Colombia, y Lagisa, Sudáfrica, como tres cierres de minas planificados a corto plazo. Sin embargo, la salida intempestiva de Glencore, con su filial Prodeco en el mismo departamento del Cesar, no se está haciendo cargo de los impactos acumulativos ocasionados por décadas de actividad como los graves daños a la salud, los impactos ambientales y la deuda con la población que debía ser reasentada.
Por ello, asumir un compromiso con el cumplimiento del Acuerdo de París no se reduce a una mera promesa de reducción de emisiones de carbono. La política climática de las corporaciones de carbón, como Glencore en el Cerrejón, debe responder no solo por las emisiones de gases de efecto invernadero, sino por los impactos y vulneraciones de derechos humanos y ambientales en los territorios donde han operado sus proyectos mineros.
Es hora de que la sociedad colombiana, los políticos y tomadores de decisiones reflexionen sobre los riesgos de que Glencore abandone la mina de Cerrejón, como lo hizo en el Cesar, que también contaba con un plan de cierre preliminar actualizado en 2016 y que en 2021 optó por aplicar la figura del abandono.
* Gloria Holguín Reyes, defensora de derechos humanos y de los pueblos, trabaja junto a comunidades campesinas e indígenas en la defensa de sus territorios en contextos de operación de empresas multinacionales y conflictos socioambientales por más de 10 años. Con estudios en desarrollo, relaciones internacionales y maestría en derechos humanos y democratización.
** El presente artículo hace parte del trabajo de investigación realizado por Censat Agua Viva, en asocio con el Cinep y con el auspicio de Oxfam, para la construcción de un informe sobre el accionar de Glencore en Colombia, el cual será publicado a finales de 2023.
Fuente: CENSAT Agua Viva
Cuando llega la temporada de invierno y el río Dulcepamba aumenta su caudal, Polo Jiménez reza para que las aguas no lleguen a su casa. Antes de dormir, deja junto a su puerta una linterna, una muda de ropa y sus documentos de identificación, por si tiene que salir corriendo durante la noche.
Jiménez nunca imaginó una rutina así hace treinta años, cuando se instaló en esta parte del centro de Ecuador. Jiménez vive en San Pablo de Amalí, una comunidad de 480 personas en la provincia de Bolívar. Aquí, en esta zona cercana a los Andes, el agua está por todos lados. Y así como es una bendición, también se ha convertido en una gran preocupación.
“Cuando construí, [mi casa] estaba a 300 metros del río, ahora como ves, no hay ni 15”, dice este señor que culpa a la hidroeléctrica de San José del Tambo por gran parte de sus miedos.
Todo empezó cuando en 2005 el Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica de Ecuador (MAATE) autorizó a la empresa eléctrica Hidrotambo a construir esta central, a 7 km de San Pablo de Amalí, en San José del Tambo. La planta entró en funcionamiento en 2016, con una capacidad instalada de 8 megavatios (MW). Desde que comenzaron las obras del proyecto, algunos pobladores que viven cerca del río Dulcepamba han denunciado los desvíos de su cauce. Afirman que los cambios en el río han provocado inundaciones mortales y pérdidas económicas que afectaron a 140 comunidades
Las hidroeléctricas son responsables de más del 80% de la generación eléctrica en Ecuador y solo la Amazonía ecuatoriana concentra el 18% de las hidroeléctricas activas en la selva de América del Sur. Allí se ubica Coca Codo Sinclair, la central más grande del país, que ha sido relacionada con la desaparición de la cascada San Rafael.
La central de Hidrotambo en San José del Tambo produce energía hidroeléctrica a filo de agua, es decir, utiliza la energía natural del Dulcepamba para mover sus turbinas, en lugar de una presa. En general, se considera que este tipo de centrales son más respetuosas con el medioambiente que las presas y embalses, que comprometen la ecología del río y aumentan el riesgo de inundaciones. No obstante, la central desvía parcialmente el río Dulcepamba, acercándolo a las viviendas y provocando un riesgo de inundaciones cuando sus niveles son altos.
La ley ecuatoriana no contempla que se niegue una autorización ambiental. Los proyectos pueden presentar sus estudios las veces que sean necesarias hasta recibir la aprobación del Ministerio.
Otro de los casos más conocidos sobre irregularidades en torno a hidroeléctricas en el país es el de Toachi Pilatón. Este fue incluso considerado un elefante blanco, por el mal uso de recursos públicos, y fue el primer caso de sobornos relacionado a un ex funcionario del gobierno del ex presidente Rafael Correa (2007-2017). Además, ha estado envuelta en una serie de polémicas y retrasos. La obra se adjudicó por primera vez en 2007 y hasta ahora no funciona al 100%.
En el caso del proyecto hidroeléctrico Piatúa, de 30 MW, en la provincia oriental de Pastaza, el MAATE de Ecuador le concedió una licencia ambiental en 2014, pero en 2019 el tribunal provincial de Pastaza había paralizado la construcción. La sentencia exigía un informe de impacto ambiental más exhaustivo, y desde entonces el caso ha sido retomado por el Tribunal Constitucional de Ecuador.
En el estudio de impacto ambiental de Hidrotambo para la central hidroeléctrica de San José del Tambo, realizado en 2005, se afirma que la incidencia de aluviones es baja y que “los fenómenos de inundación en el área del proyecto han sido mínimos”.
Casi veinte años después del estudio y luego del inicio de las obras de la hidroeléctrica, los desbordamientos ocurren regularmente, y ahora el gerente de Hidrotambo, Franklin Pico, afirma que “es una zona de alto riesgo”.
La propia casa de Polo Jiménez quedó a orillas del Dulcepamba en 2015 cuando ocurrió el aluvión más fuerte de su historia. Tres personas murieron y el río se llevó doce viviendas, animales y cultivos.
“Antes [de la hidroeléctrica], [el río] máximo se llevaba unas dos matas de cacao, pero nunca se había salido del cauce”, recuerda Filadelfo Borja, de 55 años. Todos sus cultivos quedaron bajo escombros y su familia se marchó de la comunidad.
Un año antes de la tragedia, en 2014, Manuel Trujillo, otro vecino de Jiménez, presentó una Acción de Protección ante la Corte de Justicia de Bolívar alegando que el cauce fue desviado hacia su predio. Le negaron la medida. Su casa y la de su hijo también se las llevó el río.
Tras el evento, un informe de inspección al proyecto hidroeléctrico San José del Tambo, de la Agencia de Regulación y Control de Electricidad (Arconel), recomendaba que la empresa construya un muro de protección del talud izquierdo del río, frente a San Pablo de Amalí, “pues la próxima crecida del río podría afectar gravemente a la población”.
Hasta la actualidad el muro de protección no se ha realizado y eventos similares se repitieron en 2017, 2019 y 2023. Durante las inundaciones de este año, la única carretera de acceso a la zona quedó destruida, y los miembros de la comunidad local dijeron a Diálogo Chino que se necesitaron helicópteros para llevar suministros.
Mientras tanto los lugareños, entre ellos Carmen Guanulema, residente de San Pablo de Amalí, han notado un reciente descenso en el número de peces del Dulcepamba: “Han desaparecido, ya no se pesca como antes”.
Un estudio de 2021 sobre las poblaciones de peces de agua dulce de Ecuador descubrió que muchas especies autóctonas están amenazadas, entre otros factores, por la alteración física de los ríos, así como por las centrales hidroeléctricas. Las presas que desvían grandes cantidades de agua, como la de Hidrotambo, pueden alterar drásticamente el hábitat de los peces. Sin embargo, a pesar de las quejas de la población, hasta la fecha no se han realizado estudios sobre los peces de esta zona.
Cerca al punto donde desaparecieron las casas, y a la entrada al área de captación de la hidroeléctrica, Diálogo Chino observó que se levanta un muro de piedras. Los pobladores de San Pablo de Amalí afirman que fue realizado por Hidrotambo. En verano, cuando el caudal es menor, es una barrera para que el agua fluya hacia la hidroeléctrica. Y en invierno, cuando hay mayor caudal, dicen, la empresa retira las piedras y el agua va con más fuerza hacia la comunidad.
Franklin Pico dijo a Diálogo Chino que este muro se formó debido “a las fuertes crecidas del río y a todo el material que acarrea desde las zonas altas de la montaña”. Añade que nunca han desviado el cauce del río.
Jorge Celi, director de la Cátedra Unesco para Manejo de Aguas Tropicales, por el contrario, explica que “esta estructura no se pudo formar sola”. Con base en su estudio que compara la situación del Dulcepamba en 2012 y 2018, asegura que la hidroeléctrica “ha influido en el cambio del cauce”.
De la misma manera, en un estudio de la Secretaría de Gestión de Riesgos publicado en marzo de 2023, la entidad “establece algún grado de responsabilidad [a Hidrotambo] en el aumento del riesgo que viven las comunidades”. También pide el retiro del muro de piedras. Sin embargo, hasta julio de 2023, la estructura seguía allí.
El Estado ha iniciado varios procedimientos penales contra residentes de San Pablo de Amalí desde 2006, cuando comenzó la construcción de la central eléctrica. Durante ese año, se iniciaron acciones legales contra 42 personas que se negaron a cumplir las órdenes de desalojo. En 2013, el Estado acusó a dos residentes de “terrorismo”, una amenaza lanzada regularmente contra los defensores del medioambiente durante la presidencia de Rafael Correa.
Ante estas situaciones, la comunidad reaccionó con recursos legales. En 2018, sus habitantes presentaron un recurso extraordinario de revisión del aprovechamiento del agua de Hidrotambo, ante la entonces Secretaría Nacional de Agua (Senagua). El gobierno aceptó la solicitud en 2019 e Hidrotambo perdió el derecho a utilizar el Dulcepamba durante los meses de verano.
El 30 de mayo de este año, el MAAT retiró la autorización a Hidrotambo para utilizar las aguas del Dulcepamba. Esta decisión fue motivada por los casos de incumplimiento descubiertos en la revisión. Las infracciones de Hidrotambo incluían la captación de un caudal de agua superior al autorizado entre julio y diciembre, y la no presentación de los rediseños acordados para la planta con el fin de resolver sus problemas de captación de agua.
Hidrotambo apeló la decisión menos de dos semanas después, alegando “violaciones de derechos” durante el proceso de revisión. El Ministerio debía pronunciarse sobre el recurso en un plazo de 90 días, pero aún no lo ha hecho. A falta de un veredicto, y con el país en plena agitación política y elecciones, la empresa sigue operando, a pesar de la orden ministerial.
Del mismo modo, hay procesos en la Corte Constitucional. Como la Acción Extraordinaria de Protección contra Hidrotambo, presentada por la Defensoría del Pueblo y la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos, que fue admitida por la Corte el 5 de septiembre de 2019.
En 2008, Ecuador se convirtió en el primer país en proteger los derechos de la naturaleza en su Constitución. El abogado ambientalista Hugo Echeverría explica a Diálogo Chino que el caso Hidrotambo-Dulcepamba fue seleccionado por el tribunal constitucional para “crear jurisprudencia” ―o sentar un precedente legal― para defender estos derechos. Es uno de los seis casos elegidos por el tribunal para construir estos antecedentes. Este conjunto también incluye el caso de la central hidroeléctrica de Piatúa, y un conocido caso que lleva el nombre de un mono chorongo llamado Estrellita, que dictaminó que los animales salvajes son sujetos de derecho en Ecuador.
Cuando llegue una decisión definitiva, el caso Hidrotambo-Dulcepamba será el primero en el que el Tribunal Constitucional de Ecuador se pronuncie sobre los estándares y límites respecto de la explotación de recursos renovables y no renovables que son gestionados por el Estado, la actuación de las empresas concesionarias y su impacto en los derechos colectivos y de la naturaleza.
Además, en este proceso también se determinará si la posible inacción del Estado causó una violación de los derechos humanos, porque la ciudadanía ya había denunciado los problemas derivados del desbordamiento del río.
Mientras tanto, en la provincia de Morona-Santiago, en el sureste de Ecuador, se proyecta una central hidroeléctrica dos veces mayor que Coca Codo Sinclair. Bautizada con el nombre del río Santiago que pretende explotar, tendría una capacidad máxima de 3.600 MW y sería la hidroeléctrica más potente del país.
Está previsto que el proyecto entre en funcionamiento en 2031, aunque aún no se ha anunciado un operador. No cuenta con licencia medioambiental.
“Es un río único”, dice Celi sobre el Santiago, una de las principales arterias que conectan la Amazonía peruana y ecuatoriana. “Estamos hablando de una hidroeléctrica de 200 metros de altura sobre un río caudaloso que arrastra muchos sedimentos. Todos ellos se detendrán detrás de la represa, y eso tendrá un fuerte impacto en la dinámica aguas abajo”.
De vuelta en la provincia de Bolívar, Polo Jiménez y las comunidades del río Dulcepamba siguen sorteando las consecuencias locales del impulso hidroeléctrico de Ecuador, y esperan soluciones. “Ya no quiero tener miedo de quedarme dormido”, dice. “Solo espero que haya más seguridad para que el río no crezca y nos deje en paz”.
Este reportaje es producto de una alianza entre Diálogo Chino y Youtopía Ecuador. La historia fue producida con el apoyo del Earth Journalism Network de Internews.
Fuente: Dialogo Chino
“La Nota” es un cortometraje de ficción que retrata la lucha de las y los periodistas en México, quienes en su labor para develar verdad y abonar a la justicia social se enfrentan a una serie de violencias y omisiones institucionales que ponen en riesgo su trabajo e incluso su vida.
El estreno mundial del cortometraje se realizó en el marco del Festival Internacional de Cine de la Ciudad de México en su edición número 18.
Tras la proyección del cortometraje, la directora Tania Ángeles Begún y el director Juan Pablo Rivas, agradecieron a organizaciones como Documenta, que impulsan la creación artística como herramienta para la promoción de los derechos humanos y la justicia social, así como a USAID, institución que financió este proyecto.
Tania y Juan Pablo señalaron la importancia de poder usar el arte, en este caso el cine, para poder reconstruir el tejido social e impulsar procesos de transformación.
Posteriormente tomó la voz Ángel María Salvador Ferrer, Coordinador del Programa de Tortura de Documenta, del cual se desprende este proyecto, y puntualizó las cifras de la violencia que enfrentan las y los periodistas en México por motivos de su labor y que enmarcan la historia del cortometraje:
● En el 40% de los casos de agresiones están implicadas las autoridades.
● Las y los periodistas que enfrentan más agresiones son quienes cubren las fuentes de política y policial.
● De los casos de asesinatos contra periodistas, solo 10% cuentan con una sentencia, es decir, la mayoría están en impunidad.

En el evento también se contó con la participación de Leslie Pérez, periodista que en los últimos años se ha centrado en la cobertura de movilizaciones sociales y temas sobre violencia de género, coberturas que le han costado enfrentarse a la violencia policial.
Leslie narró su propio caso, en el que fue agredida físicamente por policías al cubrir una movilización de sobrevivientes de feminicidio, es decir, que en su esfuerzo por hacer eco de las voces de mujeres que han enfrentado y sobrevivido a la violencia feminicida, ella misma fue sujeta de esa violencia por el simple hecho de realizar su labor periodística en favor del derecho a la información de toda la población y de la libertad de expresión.
Ante este panorama, la periodista reconoció el trabajo de visibilización y sensibilización promovidos por acciones como las de Documenta con este cortometraje, e hizo un llamado a las autoridades para responsabilizarse y tomar acciones para solucionar esta problemática de violencia contra periodistas.

La producción de este cortometraje es parte de las acciones de Documenta para promover los derechos humanos, desde la convicción de que el arte es una poderosa herramienta para narrar con dignidad y desde un enfoque interseccional en derechos humanos, las historias de vida atravesadas por la tortura, reivindicar los derechos de las personas sobrevivientes y sumar a la exigencia de acceso a la justicia.
Publicado originalmente en CIMAC Noticias
Fuente: Desinformemonos
A atividade responde por 95% de todo o desflorestamento no período de 1985 a 2022, quando avançou com a abertura de pastagens e o monocultivo, principalmente de soja
Por Redação Rede Brasil Atual

São Paulo – O avanço da agropecuária é a principal causa da devastação das florestas naturais no Brasil, que encolheram 15% nos últimos 40 anos. A atividade responde por quase todo o desfloramento, ou seja, 95%. A constatação é da rede MapBiomas, que analisou dados do período de 1985 a 2022. A cobertura vegetal natural passou de 581,6 milhões de hectares para 494,1 milhões.
Os biomas que tiveram mais perdas foram a Amazônia (13%) e o Cerrado (27%).
Pelos cálculos, quase todo o desflorestamento se deu pela transformação de floresta em pastagens e também para a utilização das áreas para cultivo agrícola, principalmente da soja. Esse processo se deu principalmente nas duas primeiras décadas analisadas. E a partir de 2006 houve redução da área desmatada.
Segundo os pesquisadores da rede, porém,a devastação das florestas foi intensificada nos últimos cinco anos, acelerando o processo. A atividade econômica responde por 11% dos 87,6 milhões de hectares perdidos, como mostram os especialistas na Coleção 8 do Mapeamento Anual da Cobertura e Uso da Terra no Brasil.
Formações florestais são as mais destruídas
Os dados revelaram ainda que dois terços da área destruída, ou seja, 58 milhões de hectares, foram de formações florestais. Nessas áreas de vegetação predominam espécies arbóreas e dossel contínuo, como as que prevalecem na Amazônia e na Mata Atlântica. O Pampa foi o único em que o patamar se manteve estável, mesmo com o passar dos anos.
As florestas alagáveis também fazem parte da paisagem da Amazônia e passaram a ser monitoradas pelo MapBiomas neste ano. Essas florestas são caracterizadas por se formar nas proximidades de cursos d’água. Nesse caso, no intervalo de quase 40 anos, foram perdidos 430 mil hectares, que ocupavam 18,8 milhões de hectares ou 4,4% do bioma em 2022.
Fuente: Jubileu Sul Brasil