Una Isla en la Cadena

En junio de 2022, el presidente dominicano, Luis Abinader, se reunió con el primer ministro haitiano de facto, Ariel Henry, en la Cumbre de las Américas celebrada en Estados Unidos para tratar cuestiones de seguridad fronteriza, incluida la renovación del mandato de la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (BINUH). Cuatro meses más tarde, Abinader promulgó un decreto por el que ordenaba la expulsión de los inmigrantes haitianos y los dominicanos de ascendencia haitiana que ocupaban tierras de propiedad estatal (destinadas principalmente a plantaciones de azúcar). El gobierno de Henry guardó silencio.

Los análisis tradicionales de las relaciones haitiano-dominicanas acentúan los discursos y prácticas de supremacía blanca contra los negros en la República Dominicana, dirigidos contra las personas de «aspecto haitiano». Este panel historizará la violencia sancionada por el Estado dominicano contra sus habitantes negros exponiendo sus raíces políticas y económicas y la complicidad de los Estados estadounidense y haitiano. Y lo que es más importante, el panel también mostrará la resistencia de los grupos organizados a ambos lados de la isla y sus respectivas diásporas.

En este panel participan académicos y activistas de la República Dominicana y Haití:

Altagracia Jean Joseph de la Fundación Código Humano (RD)
Maribel Núñez Valdez, de Acción Afro-Dominicana (RD)
Amarilys Estrella de We Are All Dominican (EE.UU.)
Colette Lespinasse, Defansè Dwa Migran (Haití)
Charlène Desir, de T.E.N. Global, abrirá el acto con una canción vudú, en conmemoración del aniversario del terremoto del 12 de enero en Haití.

Este panel es multilingüe (kreyòl, inglés y español). Habrá interpretación simultánea en los tres idiomas.

Copatrocinadores:

Asociación de Estudios Haitianos
Instituto de Estudios Haitianos del Brooklyn College
Seminario Teológico de la Unión
En compañía culta

Traducción desde internet. https://www.facebook.com/cunyhsi

 

Fuente: Haiti no MINUSTAH

Comunicado: Alerta urgente por la detención arbitraria del compañero Antonio Pacheco y otros compañeros de ADES en El Salvador.

El día de hoy en horas de la madrugada, 5 compañeros de la  Asociación de Desarrollo Económico Social Santa Marta (ADES) fueron detenidos arbitrariamente por órdenes del Estado salvadoreño bajo la dirección de Nayib Bukele como parte de la persecución política que sufren las organizaciones de Derechos Humanos en El Salvador.

Entre ellos ha sido detenido el líder social Antonio Pacheco que ha luchado durante casi toda una vida por la construcción de un país que procure el bienestar social, económico y cultural y quien es amigo de años de las causas del pueblo hondureño y en especial de la lucha del pueblo Lenca.

COPINH repudia y lamenta la persecución política de regímenes autoritarios en  la región y en este momento la que sufre el pueblo salvadoreño a responsabilidad directa de su presidente el señor Nayib Bukele.

Aunque la Fiscalía y Policía Nacional Civil de ese país aleguen que esta detención es motivada por un delito cometido durante la Guerra Civil Salvadoreña sabemos que es una excusa para esconder la persecusión política a la organización ADES debido a la lucha social y defensa de los derechos de las comunidades históricamente olvidadas. 

Recordamos que El Salvador implementó posteriormente al conflicto armado los Acuerdos de Paz que son pauta para no instar procesos arbitrarios, abusivos y violadores de pactos de derechos humanos.

Además lamentamos que se ataque de esta manera a la comunidad de Santa Marta que tiene décadas de lucha por la justicia a la población civil que fue víctima de crímenes de Lesa Humanidad durante la Guerra y que no han conocido de ninguna acción para esclarecer esos viles hechos. Eso reafirma la persecución selectiva a quien alce su voz procurando la autonomía territorial y respeto a derechos humanos elementales.

COPINH reafirma su solidaridad a ADES, al pueblo de Santa Marta y al pueblo salvadoreño que cree que es necesario buscar otros mecanismos para la construcción de la democracia en El Salvador.

Por lo anterior mencionado:

1. Exigimos al Estado salvadoreño y a Nayib Bukele la inmediata liberación de los compañeros detenidos arbitrariamente por trabajar en la construcción  de una comunidad con condiciones de dignidad, justicia social y por defender los derechos humanos de la población salvadoreña.

2. Exhortamos a las organizaciones hondureñas e internacionales a pronunciarse condenando este vil hecho y mostrando la solidaridad a la luchadora comunidad de Santa Marta y la organización ADES.

3. Llamamos a tomar acciones repudiando estos actos criminales, abusivos y selectivos para desarticular el trabajo de las organizaciones e instituciones que apuestan a un país garante de derechos y de justicia social.

Dado en La Esperanza, Intibucá a los 11 días del mes de enero de 2023.


“¡Con la fuerza ancestral de Berta, Lempira, Mota, Iselaca y Etempica se alzan nuestras voces llenas de vida, justicia, libertad, dignidad y paz!”

 

Fuente: COPINH

¿En verdad necesitamos el fracking?

En diciembre pasado, en plenas épocas decembrinas, el gobierno anunció el borrador de decreto para reglamentar los proyectos piloto de investigación integral (PPII) de fracking. La ministra de Minas y Energía, María Fernanda Suárez, la élite política y los empresarios y gremios del gas lo avalaron arguyendo la urgencia de incorporar nuevas reservas para evitar la importación de este hidrocarburo. De otro modo, dentro de cuatro años, tendrían que incrementarse las tarifas del gas domiciliario. El otro argumento de quienes defienden el fracking es que el gas de yacimientos no convencionales es indispensable para la transición energética. Promueven la idea de que lo único que salvará al país de un “apocalíptico futuro” es la explotación del gas, sea en lutitas o en mantos de carbón. Parece una sin salida: condenados por seguir quemando fósiles y condenados si los dejamos de quemar.

Con respecto al primer argumento, la autosuficiencia energética fue un objetivo abandonado por los gobiernos desde principios de este siglo, y así sigue siendo. Se facilitó la inversión extranjera para ampliar la frontera extractiva en busca de nuevas reservas de gas y petróleo, sin mayor éxito, y se explotaron al máximo los viejos yacimientos de hidrocarburos hasta casi agotarlos. El propósito principal de la política pública de hidrocarburos ha sido incrementar al máximo su producción para aumentar así mismo sus exportaciones. De esa manera, se consolidó un modelo de desarrollo basado en el extractivismo, se agotaron las pocas reservas de hidrocarburos con que contaba el país y la economía se hizo dependiente de los ingresos de las exportaciones de hidrocarburos y carbón.

Y como no es posible extracción sin consumo energético, en la actualidad la mayor parte del consumo nacional del gas natural lo hace el propio sector extractivo, que hoy requiere más energía y obtiene una menor tasa de retorno energético. En el Cesar, el gas metano que extrae la empresa Drummond se usa en sus operaciones mineras, como lo confirma la Unidad de Planeación Minero-Energética, UPME: el consumo residencial solo representa el 18 %, y los vehículos de transporte utilizan el 4 %. El resto, lo consumen la industria (incluido el sector extractivo), el sector petrolero y las termoeléctricas.

Sobre el segundo argumento, aunque se quiere promover el gas natural como combustible puente para la transición energética, lo cierto es que este energético, además de dejarnos anclados a los combustibles fósiles, acrecienta los problemas de orden local y global que acarrea su extracción. De acuerdo con el reporte estadístico de BP-2019, el consumo global de energía primaria de 2018 se incrementó en 2,9 % y este aumento se atribuye en esencia al gas natural, que se elevó en 40 %. En este crecimiento fue determinante el gas de esquito de los Estados Unidos. Además, a la extracción de gas natural están asociadas las fugas de metano, ventilación y quema del mismo. Según el Banco Mundial, la actividad de quema de gas en este país aumentó un 48 % de 2017 a 2018 y alcanzó 1,4 billones de pies cúbicos, lo que equivale al consumo de gas total de América Central y Suramérica en un año. Gran parte de estas quemas de gas se hicieron en las cuencas de donde se extrae gas de lutitas.

La crisis ambiental global, en particular la climática, exige actuar con sensatez. Es tiempo de una transición energética que nos implique, además de cambiar la matriz energética, hacer transformaciones culturales. La energía debe volver a estar bajo el control de la gente, con proyectos energéticos comunitarios y ciudadanos. Debemos comprometernos a transformar nuestras vidas y abandonar el derroche energético. Con un planeta en llamas, debemos exigir a las corporaciones del petróleo y a los y a los gobiernos compromisos reales para enfrentar estas crisis.

Fuente: #JusticiaRural

 

Fuente: CENSAT Agua Viva

Panamá: 9 de enero de 1964, una revolución popular antiimperialista

El 9 de Enero marcó un punto de quiebre de la política norteamericana en Panamá. En esa fecha estallaron 60 años de contradicciones acumuladas, fue una verdadera revolución popular en el pleno sentido de la palabra. Allí se hizo añicos el sueño de riquezas que la oligarquía panameña había pintado en 1903 para imponer un estado “independiente” que en realidad era un “protectorado”, es decir, una colonia norteamericana, así como el oprobioso Tratado Hay Bunau Varilla que entregó el canal a EE UU “como si fueran soberanos”. 

Hay que recordar que los abuelos de nuestra oligarquía, desde 1903, se sintieron cómodos con la situación colonial, creyéndose yanquis de corazón. A los sectores populares, en cambio, les costó encontrar claridad en la construcción un proyecto político propio, pero desde el principio pusieron el pecho en la defensa de la soberanía, porque comprendieron que la prosperidad del país y la propia dependía de ella. 

En 1964 eclosionó la experiencia acumulada del pueblo panameño, dirigida por sus sectores más combativos, que habían enfrentado la presencia colonial imperialista: en la Huelga Inquilinaria de 1925, en el Movimiento Antibases de 1947, así como las grandes gestas del movimiento estudiantil de los años 50, la Operación Soberanía y la Siembra de Banderas, en un ambiente fermentado por el influjo de la Revolución Cubana. 

El 9 de Enero, al conocerse de la agresión sufrida por los estudiantes del Instituto Nacional, de la bandera mancillada por los “zonians”, de la brutal represión de la soldadesca yanqui, el pueblo panameño reventó de indignación y se hizo presente en masa, espontáneamente, para cruzar la cerca (nuestro “muro de Berlín”) y plantar una bandera. 

Allí, en la barricada o simplemente tumbados en el piso en torno a lo que hoy es el “Palacio Legislativo”, miles se enfrentaron con valor a la metralla de los tanques, dirigidos por caudillos populares de las organizaciones de izquierda, desde algunas alas juveniles del Partido del Pueblo (Comunista) con Adolfo Ahumada o Víctor Ávila y otros, los de Vanguardia de Acción Nacional (VAN) de Jorge Turner y las huestes de lo que sería después el Movimiento de Unidad Revolucionaria (MUR)de Floyd Britton. 

Un “pueblo” que socialmente era un “proletariado joven, vigoroso y en rápida expansión” (expresión del industrialismo de los 50-60), se organizó en los Comités de Defensa de la Soberanía. Esos comités fueron embriones de doble poder que llenaron el vacío de poder ante la ausencia del gobierno-estado oligárquico el cual se borró de las calles. Estos comités organizaron desde la consecución de armas, hasta la defensa y el ataque, y la organización civil que se expresó en donaciones de sangre y transporte de heridos a los hospitales. Al respecto, es recomendable leer: “Significado y consecuencias del 9 de Enero”, José Eugenio Stoute, Revista Mujeres Adelante No. 13, enero, febrero y marzo de 1989.  

Una columna enorme de gente, entre 40 y 60 mil personas, según Stoute, rodeó la Presidencia de la República exigiendo armas para enfrentar la agresión imperialista. El gobierno oligárquico de Roberto Chiari, hijo del ex presidente Rodolfo Chiari, que en 1925 pidió la intervención militar de EE UU para aplastar la Huelga Inquilinaria, decidió dos medidas contrapuestas: una, encuartelar a la Guardia Nacional, para que sus armas no fueran usadas por el pueblo en defensa de la soberanía; dos, tratando de apaciguar la furia popular, rompe relaciones diplomáticas con Washington, una medida desesperada que no da cuenta de ninguna vocación nacionalista de la oligarquía, sino del pavor que sentía el gobierno ante la insurrección que amenazaba con entrar a la fuerza en el Palacio de las Garzas. 

Tres días duró el pueblo insurrecto en las calles de las ciudades de Panamá y Colón. Tres días en que las acciones no se limitaron a plantar banderas, sino a enfrentar, con las pocas armas de que se disponía, a las tropas imperialistas. Hubo varios muertos reconocidos por el “gobernador” de la Zona del Canal. Tres días en que todo símbolo o propiedad de empresas norteamericanas fue saqueado y quemado, desde el famoso edificio de la aerolínea Panamerican hasta las sucursales bancarias del Chase Manhattan Bank. Decenas de automóviles con placas de la Zona fueron volteados y quemados a lo largo de las calles de la ciudad. 

El gobierno que cobardemente se había escondido empezó a sacar a la Guardia Nacional de los cuarteles hacia el 11 y 12 de Enero. Pero no lo hizo para defender a la nación agredida, sino para detener a los dirigentes populares de la insurrección, una gran cantidad de los cuales fue a parar a la cárcel Modelo. La labor represiva de los gobiernos liberales de Chiari y Robles seguiría en los años subsiguientes, cebándose contra el líder estudiantil colonense Juan Navas, que había sido herido durante la Gesta de Enero y había viajado a la Unión Soviética para recibir tratamiento médico. A su regreso de la URSS, en 1966, fue arrestado por la policía política del régimen, torturado, asesinado y tirado su cadáver en el Corredor de Colón. A todo lo cual siguió un juicio para inculpar a sus compañeros del Partido del Pueblo de aquella ciudad. 

El sacrificio de los mártires y la insurrección popular de 1964 no fueron en vano, sino todo lo contrario, una victoria que se fue configurando en el tiempo y que hoy se siente sobre el país: se impuso el criterio, hasta ese momento sólo sostenido por sectores populares de izquierda, de que había que acabar con el estatuto colonial de 1903, derogar el Hay-Bunau Varilla y negociar un nuevo tratado sobre el Canal de Panamá, que eliminara la “Zona”, las bases militares y traspasara la administración de la vía acuática en un plazo perentorio. El Tratado Torrijos-Carter de 1977 reflejó esas demandas, pese a sus enmiendas y al Pacto de Neutralidad. 

La prosperidad económica que hoy campea sobre el país se debe, sin duda alguna, a la Gesta del 9 de Enero, porque está fundamentada en los ingresos que el canal está produciendo y que antes Panamá no recibía. Porque, contrario a lo que sostenía la oligarquía panameña que, hasta 1999, temía el retiro de las bases militares, se ha demostrado que: “la soberanía sí se come”. 

Lamentablemente la prosperidad que el canal produce está siendo apropiada en su mayor parte por una clase social, que se ha llamado los nuevos “zonians”, que no es otra que los descendientes de la misma oligarquía que vendió al país en 1903, que durante cien años actuó como aliada interna del colonialismo norteamericano y que acusó de “comunistas” a los líderes populares del 64 y de “saqueadores y ladrones” a los Mártires.  

Esa apropiación de los beneficios del canal, que es lo contrario de lo sostenido por Omar Torrijos cuando afirmó que se le debía dar el “uso más colectivo posible”, se debe al otro acontecimiento: la invasión norteamericana del 20 de Diciembre de 1989.

Por: Olmedo Beluche. Sociólogo, profesor de la Universidad de Panamá.

 

Fuente: Radio Temblor

Panamá. Pueblos originarios protestan ante conflicto territorial ancestral

Un grupo de originarios provenientes de los 7 pueblos originarios, y las 12 estructuras de Congreso y Consejo Cultural Indígena de Panamá protestaron frente al Ministerio de Gobierno de Panamá en horas de la mañana del viernes 6 de enero del 2023. El objetivo de la acción pacífica es exigir justicia ante los hechos ocurrido el pasado 27 de noviembre del 2022, donde un batallón del Servicio Nacional de Fronteras SENAFRONT quemó la Casa Cultural de Púcuru, Territorio Ancestral Guna de Takargunyala, la cual es compartida con los Gunas de la comunidad de Arquia y Nuevo Caimán de la frontera colombiana. Además, el día 1 de diciembre del 2022, debido a esta agresión un grupo de gunas de Panamá y Colombia se reunieron en Púcuru para restaurar la estructura tradicional quemada, respondiendo a una necesidad cultural y religiosa.

Este conflicto ha dado como resultado un herido en estado crítico en el Hospital Santo Tomás debido a un disparo a mansalva por parte de un unidad del SENAFRONT, y 8 detenidos en la Mega Joya y la Joyita, cuya audiencia está fuera del debido proceso.

Cabe recalcar que el paso entre Colombia a Panamá es ancestral, y está protegido por el Derecho Internacional y la legislación de ambos países, tal caso podría ir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Los 7 Pueblos y Las 12 estructuras exigen medida cautelar para los líderes indígenas gunas de ambos países ante la represalias y abuso de autoridad por parte de SENAFRONT. Además, exigen la liberación de los indígenas detenidos y libre de cargo de tráfico internacional de personas.

Por: Olocunaliler Ferrer. Radio Temblor Internacional      

 

Fuente: Radio Temblor