Bioconstrucción: manos a la tierra y acceso a la vivienda

Arquitectura ecológica y sostenible. Desde hace por lo menos 50 años, existe una necesidad vital de reducir la huella ambiental que los seres humanos producimos en este planeta. Evaluar e intentar frenar los impactos negativos que conllevan nuestras actividades. El aumento de la temperatura media global, los índices alarmantes de contaminación de suelos, aire y agua, la escasez de recursos básicos y no renovables, apuntan a repensar los modelos actuales de explotación y la manera en la que desarrollamos nuestras vidas.

El desafío es pensar otras lógicas para habitar. Otros caminos posibles que den respuesta al acceso a la vivienda con el menor impacto ambiental posible y en un país donde el déficit habitacional alcanza a 3,5 millones de familias. Las técnicas de construcción con material naturales ganan terreno con el correr de los años y los avances en materia de investigación y optimización de recursos.

Bienvenidos a la bioconstrucción

La bioconstrucción es muy rica en ese sentido. Es una forma de arquitectura particular que busca la integración de las edificaciones al entorno. Para ello, se trabaja con adobe, paja, madera, bloques de tierra, cañas y hasta vegetación para recubrir techos. Incluso puede emplearse técnicas mixtas en las que se incorporan materiales reciclados como los neumáticos, el PET y el vidrio.

Además de los beneficios ambientales de este tipo de construcción, el trabajo con materiales naturales permite reducir los costos de obra y los energéticos, ya que la premisa fundamental es sacar provecho al máximo de los recursos y del entorno.

La permacultura es un término relativamente joven, que nació en Australia a fines de los años setenta. Se puede entenderla como una mirada amplia e integral que busca dar respuestas a las necesidades humanas sin destruir, contaminar ni agotar los recursos naturales. Construir o pensar nuevas lógicas a partir de los lineamientos de la permacultura implica un sistema integral, que incluye varias disciplinas como la ecología, la economía, el diseño y la arquitectura.

Diseñar pensando a largo plazo, en clave sostenible y amigable con el ambiente que nos cobija. De allí podría decirse que se desprende la bioconstrucción, un tipo de arquitectura que apela al trabajo con materiales de la misma naturaleza, que no alteren el entorno y que sean accesibles.

Manos a la tierra en minka

En la Costa Atlántica, en la ciudad bonaerense de Miramar, existe una cooperativa que se dedica no sólo a construir a partir de la tierra sino también a hacerlo pensando en ella. El equipo de trabajo de la Cooperativa Greda está formado por nueve miembros plenos y hasta siete colaboradores, que se suman de manera eventual en las distintas áreas de trabajo. Arquitectos, maestros mayores de obra, carpinteros y herreros, forman parte de un ambicioso proyecto comunitario que busca garantizar el derecho a la vivienda digna y de calidad. 

Joaquín Castro, secretario y miembro de la cooperativa hace cinco años, explica que se organizan en asambleas mensuales y que la clave para que los proyectos crezcan, es la comunidad. “Hace 11 años que venimos de un proceso de autoconstrucción de nuestras viviendas, nacimos alrededor del barro, a partir del sueño de cumplir el derecho a la vivienda propia”, comenta. 

Castro resalta la diferencia entre las  estructuras de trabajo convencional y la que construyen en la cooperativa: “Todos los sábados nos damos una mano en la construcción de las viviendas y de esa manera compartimos saberes y experiencias, desarrollando el oficio”.

Es que una de las grandes diferencias entre este tipo de construcción sostenible y la convencional, son los métodos que se utilizan y el resultado virtuoso del trabajo en equipo. “La construcción en barro está ligada a un entramado social, a la construcción de redes incluso por fuera del vecindario”, advierte. 

Allí, en el Parque Bristol de la ciudad de Miramar, tiene lugar el Movimiento Natural Minguero, que organiza jornadas de trabajo voluntario en las que las y los vecinos se acercan a circular los saberes y generar comunidad real, además de ayudarse a construir sus viviendas.

La minka o minga es un término propio de las comunidades originarias de nuestra América, utilizado para describir un sistema de trabajo colectivo y comunitario que cuenta con el compromiso individual de los participantes para garantizar un beneficio a favor del conjunto.

Pareciera que lo que destaca a este tipo de construcción sustentable no es el qué sino el cómo. Castro, profundiza sobre este tipo de organización y explica que “la minga es una herramienta llana, sin jerarquías” mediante la cual “se desarrollan lazos solidarios y se construye tejido social”. Es por esta razón, que para la cooperativa, “a partir de la construcción del derecho a la vivienda es que se construye comunidad y al mismo tiempo, se accede a ese derecho”.

Las construcciones naturales se construyen a partir de materiales locales, de bajo costo, resultan eficientes y sostenibles. Sus techos verdes refrescan la casa en verano y conservan la temperatura en invierno, al tiempo que mejoran la calidad del aire del ambiente debido a la capacidad que tienen las paredes de barro para regular la humedad. El abastecimiento energético depende del proyecto: puede conectarse a la red eléctrica convencional o abastecerse con paneles solares.

En cuanto al impacto ambiental de la construcción convencional, Castro señala que este tipo de construcción con barro disminuye notablemente la huella ambiental ya que “los materiales orgánicos hacen que los residuos que se generan por la construcción sean mucho menores o reutilizables” porque parte del trabajo artesanal que realizan, permite recurrir a elementos reciclados para la construcción de la vivienda y bajar los costos de construcción.

En bioconstrucción, multiplicar no es estandarizar

El método natural permite hacer viviendas en cualquier terreno, siempre y cuando se sigan los lineamientos de esta particular manera de entender el todo como un engranaje que sólo funciona, si se atiende al mismo tiempo cada parte.

Castro explica que en bioconstrucción “no se puede pensar dos casas iguales en territorios totalmente diferentes”. “Esa es la gran diferencia entre la construcción industrial y la construcción natural —precisa—. La primera propone hacer la misma casa frente al mar, en el medio del desierto o arriba de una montaña. En cambio la construcción natural te plantea que observes el entorno para construir en armonía con él.”

El método de trabajo de esta cooperativa permite que los proyectos que se llevan adelante hagan convivir las técnicas ancestrales con la arquitectura convencional, porque entienden a la construcción natural “desde la lógica de la mixtura” entre «lo que es la arquitectura convencional con lo que es la arquitectura tradicional en barro».

En ese sentido, detalla Castro, se permiten utilizar elementos industrializados propios de cualquier obra o materiales de reciclado como botellas, pero principalmente se sustentan con tierra cruda y paja. En el caso de la reutilización de las botellas plásticas o de vidrio, se pueden utilizar en el interior de la mezcla de barro para ganar volumen, como elementos decorativos para el ingreso de luz, además de aportar cierta aislación térmica y acústica.  

¿Se puede pensar en proyectos masivos y a gran escala a partir de esta técnica? La respuesta es sí, pero atendiendo los pilares fundamentales del trabajo con la tierra: la sostenibilidad, la comunidad, los materiales y el bienestar. Castro explica que «no puede haber ambientalismo ni permacultura ni intento de transformación de la realidad sin estar anclado en la sociedad», ya que «la inserción social y el trabajo comunitario es fundamental como tejido de red social para la vida cotidiana».

En Argentina existe legislación que habilita la construcción con materiales naturales en varios municipios de distintas provincias como Chubut, Rio Negro, Neuquén, Buenos Aires, La Pampa y Salta. En 2010, el municipio de Luis Beltrán, Río Negro, fue el primero del país en sancionar una ordenanza en materia de bioconstrucción. Le siguieron, Colonia Barón (La Pampa), San Martin de Los Andes (Neuquén), Bariloche y El Bolsón (Río Negro), Tornquist y Mar del Plata (Buenos Aires), El Hoyo (Chubut), Cachi (Salta). En 2015, Santa Rosa (La Pampa), se convirtió en la primera ciudad capital de una provincia en habilitar esta técnica de construcción.

Casas vivas, albañiles de la tierra  

Matías Maiza es albañil y forma parte de una sociedad de trabajo de Trenque Lauquen, Buenos Aires, llamada Albañiles de la Tierra. Formada en 2013, se dedican a la construcción de viviendas bioclimáticas hechas con adobe. “Los materiales siempre son del lugar, por lo que se adaptan a la zona donde se va a construir. Antes de hacer una vivienda se hacen pruebas y esto permite realizar una casa en cualquier parte aplicando diferentes técnicas”, detalla.

Para Maiza, todo es ventaja y es un convencido de que este tipo de construcción “invita a la creatividad, a la autoconstrucción, al aprendizaje, a la inclusión” y que no se necesita ser un experto para preparar el material aunque sí son necesarios los conocimientos básicos de construcción.

En este sentido, Castro afirma que una de las desventajas que tiene esta disciplina, si se la mira desde la óptima de la construcción convencional, es el tiempo de secado. Las obras de barro trabajan a otro ritmo por lo que es necesario “aplicar el método constructivo natural más acorde para ajustar el proyecto al espacio donde se planea construir”.

Pero advierte que la desventaja más grande es la cultural, porque estamos “atravesados por la era del cemento que tiene solamente un siglo, entonces hay un prejuicio muy grande con la construcción en tierra”, sobre todo en “los sectores populares donde el ladrillo es aspiracional”.

A pesar de ello, la bioconstrucción puede tratarse de una solución a la falta de acceso a la vivienda digna. En cuestión de costos, es más económica que la construcción convencional, por lo tanto, más accesible a los sectores más vulnerables. “Si uno contrata un constructor tenés un 30% menos de gastos que en construcción convencional. Y si tenés la mano de obra, los costos se abaratan muchísimo más, alrededor de un 60 o 70 por ciento, según el estilo de construcción que se quiera hacer”, señala Maiza.

Desde esta mirada holística de la arquitectura ecológica, pareciera que existe una conexión indiscutible entre lo que se desea y lo que se logra realizar, atendiendo al proceso de transformación no sólo del espacio a habitar sino también de la persona que ejecuta el plan. Para Maiza, la bioconstrucción «aporta a la paz del mundo porque es una manera de respetar el medio ambiente y es una forma de valorar lo que nuestros ancestros hacían. Eso conecta mucho con el corazón humano».

«La vivienda no hay que pensarla como una cajita de té emplazada en un territorio. Desde la lógica de la bioarquitectura, orgánica, no se piensa solo paredes hacia adentro de la casa sino como parte de un espacio integro, donde se va a desarrollar la vida familiar. Por eso se busca contar con un lugar para cultivar alimentos, un espacio lúdico con una buena orientación respecto del sol, una buena orientación respecto de las caracteristicas atmosfércias del espacio, para bajar los requerimientos de energía. Generar viviendas de calidad», completa Castro.

El barro en la academia

La bioconstrucción que crece cerca de las comunidades, se traduce como bioarquitectura en la academia, donde la vuelta a los materiales naturales también está en construcción. Por ejemplo, la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires ofrece un curso de posgrado en arquitectura sustentable desde 2016. Por su parte, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), a través de su Programa de Tecnologías Sustentables, acompaña y fomenta proyectos territoriales de bioarquitectura que hagan uso de materiales naturales. Entre esas tareas, el área del INTI proyectó un salón de usos múltiples experimental basado en los principios de la bioarquitectura, cuyo contenido y planos se pueden descargar de forma libre.

Carolina Gutierrez es arquitecta, albañila y tallerista. Trabaja bajo la premisa de que es necesario deconstruir el oficio y la profesión, por lo que se hace imprescindible hablar en términos de géneros. “Todo lo que se hace en la arquitectura y la construcción, se rige por las formas patriarcales y persigue un fin meramente capitalista. La habitabilidad de los espacios, la calidad constructiva, la dignidad del trabajo, los cuidados de la vida de quienes construyen y de quienes habitan luego, queda relegado a la ganancia monetaria y la rapidez de la materialización”, advierte.  

En este sentido, hecha luz sobre la formación profesional y el recorrido atomizado que deben realizar tanto estudiantes como profesionales para poner sobre la mesa como opción, la alternativa sustentable de la bioconstrucción. “La academia también necesita deconstruirse. Durante la carrera solo hay materias electivas que tratan la sustentabilidad, pero de bioconstrucción nunca se habla. Hay algunos referentes de esta técnica, pero se dedican a la investigación de posgrado. El barro está mal visto”, señala.

Y en este sentido, así como la construcción natural irrumpe en el esquema convencional del cemento como única opción, es que se plantea la necesidad de un cambio de perspectiva a la hora de pensar soluciones habitacionales para el conjunto de la sociedad.

Gutierrez afirma que lo que puede dar respuestas al problema del acceso a la vivienda digna será la capacidad de “desarmar la división sexual del trabajo y compartir los saberes de la arquitectura y la construcción” sumado a la generación de “confianza suficiente para salir del letargo de acción en el que nos puso el patriarcado respecto de los trabajos productivos, para conseguir nuestra autonomía económica y animarnos a construir”.

Publicado originalmente en Agencia Tierra Viva.

Por: Jésica Bustos

Tomado de: desinformemonos.org

 

Fuente: Radio Temblor

Deuda más pandemia = más pandemia y más deuda

El impacto de la deuda en la pandemia y la salud fue el eje del #LunesContraLaDeuda, “La Salud está Primero, las Estafas no se Pagan”, realizado el 14 de junio en el marco de la Campaña popular por la Suspensión del Pago e Investigación de la Deuda. 

Con la coordinación de Gonzalo Moyano, médico presidente del capítulo argentino de la Asociación latinoamericana de Medicina Social ALAMES, las intervenciones de les tres trabajadores profesionales de la salud actualizaron y profundizaron el panorama de ajuste, privatización, focalización y extranjerización del sistema público de salud, denunciado ya en el Foro de Salud y Ambiente del Juicio Popular a la Deuda y al FMI y cuyas consecuencias tan nefastas para la población y les trabajadores, la pandemia ha puesto aún más en evidencia.

El licenciado en enfermería Roger Raúl Obelar, delegado de les Autoconvocades por la Salud en Neuquén, contó la experiencia reciente del “elefantazo” y cómo, con sus dos meses de resistencia y unidad desde abajo, en marchas, petitorios, cortes de ruta, lograron un aumento de 53% del básico para todes les empleades provinciales. “El gobierno planteaba este aumento como un nuevo endeudamiento, una nueva forma de tirarnos a los trabajadores la culpa,” señaló Obelar. “Pero hay plata, vimos de dónde sale, cómo sacan el petróleo, el gas, y cómo la comunidad que vive en esa zona vive en condiciones inhumanas porque no hay gas, no hay agua potable…”. Por eso siguen firmes de pie, aseguró, organizándose para seguir batallando y “exigiéndole a este gobierno que el derecho a la salud pública sea de calidad para todos y todas.”

La médica Noemí Alemany, secretaria gremial del Sindicato de Profesionales de la Salud Pública de Neuquén (SiProSaPuNe) y secretaria de derechos humanos de la Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la República Argentina (FeSProSa), apuntó directamente a la deuda con la salud y la deuda del extractivismo con la salud, “dos deudas que se asocian de una forma muy importante”. Destacó quelos recursos que hoy se necesitan en salud no están, por la sangría que significa el pago permanente de una deuda “absolutamente ilegítima, que hay que revisar y que hay que por lo menos suspender los pagos en un momento social y económico tan difícil.” 

Mirta Jaime, médica presidenta de la Asociación de Profesionales de la Salud (CICOP) del Hospital Posadas y coordinadora nacional de hospitales de la FeSProSA, cerró el conversatorio ratificando y ejemplificando el diagnóstico y las propuestas compartidas. “(Hay) mucho por andar, por desandar, por luchar –afirmó- por reconquistar y para evitar que nos sigan arrebatando la salud y la posibilidad de tener una vida digna con salarios dignos, pudiendo saltar este cerco en donde nos han sumido en la pobreza, en donde se están planteando políticas desde el Fondo Monetario Internacional a través del Banco Mundial, políticas de imposición que terminan beneficiando al sector privado, y como bien decía recién Noemí, a la industria farmacológica”.

Invitamos a leer aquí la crónica de este #LunesContraLaDeuda, y a ver los vídeos disponibles en el canal de Youtube de la Autoconvocatoria por la Suspensión del Pago e Investigación de la Deuda. Ahí  pueden verse los sencillos homenajes ofrecidos a Ernesto “Che” Guevara, en su natalicio, y al también médico y militante revolucionario Abel Bohoslavsky, integrante de la Autoconvocatoria fallecido recientemente a causa del COVID-19 y las deudas con nuestro derecho a la salud.

–     Beverly Keene, por Diálogo 2000

 

Fuente: Dialogo 2000

Jubileu Sul Brasil lança estudo sobre Circuitos Econômicos Solidários

Lançamento ao vivo é neste 21 de junho, às 19h30, nas redes sociais. Publicação digital traz exemplos práticos de circuitos econômicos solidários no Brasil, Guatemala, México e República Dominicana

Por Flaviana Serafim – Jubileu Sul Brasil

Jubileu Sul Brasil e o Jubileu Sul/Américas lançam nesta segunda-feira (21) o estudo “Experiências Econômicas Autogestionadas na América Latina e Caribe”. O evento, em parceria com a Semana Social Brasileira, tem transmissão ao vivo a partir das 19h30 na página do Facebook das organizações e também no YouTube.

A publicação (baixe a íntegra em espanhol no final do texto) traz exemplos práticos de experiências de circuitos econômicos solidários no Brasil, Guatemala, México e República Dominicana, como estratégia de liberação ao modelo de endividamento que subjuga os povos e os bens da natureza do sul global.

Participam do lançamento os pesquisadores responsáveis pelo estudo Celina Valadez, do Dinamismo Juvenil (México), Euclides Mance, da Solidarius Brasil (Brasil), e Nicolas Cruz Tine, do IDEAC (República Dominicana), e ainda Martha Flores, secretária geral do Jubileu Sul/Américas e coordenadora da Intipachamama (Nicarágua). A mediação é da economista Sandra Quintela, articuladora do Jubileu Sul Brasil.

Além de discutir os problemas do modelo de endividamento público e privado que afeta os países da região, o estudo traz uma série de recomendações e visa gerar acúmulo teórico para ação transformadora na realidade, com estratégias para reprodução da riqueza de forma coletiva, a partir da economia solidária como alternativa ao capitalismo.

Acesse o estudo em espanhol (formato PDF) clicando aqui.

 

Fuente: Jubileu Sul Brasil