Continúan las manifestaciones en rechazo a la minería en Panamá [Multimedia]

 

Oposición a la minería crece en la sociedad panameña

En medio de la entrega del país a la minería por el gobierno del presidente Laurentino “Nito” Cortizo, la sociedad panameña acumula indignación ante todas las irregularidades legales y ambientales que han tenido históricamente las trasnacionales mineras en el territorio panameño.

Antes las concesiones de más de 25 mil hectáreas en territorio del corredor mesoamericano, ubicado en el distrito de Donoso, el actual gobierno pretende incorporar al régimen de concesión minera a los corregimientos Coclé del Norte y San José del General, buscando explotar 329 km cuadrados para la extracción de cobre, en medio de la Reserva Forestal del Parque Omar Torrijos. Ante estas declaraciones del Ministro de Comercio e Industria, Ramón Martínez, los colectivos ambientales, organizaciones universitarias y sociedad civil, no se han tardado en reaccionar. La convocatoria a la protesta se dio en ciudad de Panamá, Chiriquí, Santiago y Coclé.

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En ciudad de panamá se manifestaron fuera de las oficinas del MICI, reafirmando el rechazó ante las  resoluciones 89 y 90 del 18 de mayo del 2021, comunicadas por el Ministerio de Comercio e Industrias, sin consulta ciudadana; lo más indignante es que todas estas concesiones arbitrarias que se dieron la semana pasada, están en función del beneficio de transnacionales extractivas. 

El comunicado del sr. Ramón Martínez, intenta vendernos el falso desarrollo que históricamente han argumentado en pro del enriquecimiento de la oligarquía panameña y empresas extranjeras. Nuestra experiencia con la minería desde la década de los 90´s solo ha evidenciado como el extractivismo lejos de resolver la problemática económica y pobreza en las comunidades aledañas, solo ha dejado en evidencia a un sistema económico que prioriza el capital financiero sobre la dignidad humana. 

Las implicaciones ambientales de la minería en Panamá han sido infinitas, y a pesar de las múltiples oposiciones que se han dado a lo largo de nuestra historia, continuamos siendo un país que se vende ante los intereses del capital  y trasnacionales mineras. Y si la memoria no nos falla, está situación nos trae a la mente la historia supuestamente ya superada en la zona del canal,  el pueblo panameño parece seguir advirtiendo ser un enclave colonial para las empresas mineras extranjeras. Y, por esto y más, la lucha en contra de la minería continuará en Panamá hasta que nuestros gobiernos dejen de venderse a costa de los principios humanos y continúen pasando sobre el derecho que tiene la naturaleza. 

Por: Irene García. Colectivo Voces Ecológicas COVEC

Fotografía: Pedro Silva

Video: Olmedo Carrasquilla Aguila

Fuente: Radio Temblor

La Gran Transición: Haití frente al sistema imperialista

23 de mayo de 2021 – Camille Chalmers y Chantal Ismé con Pierre Beaudet

1804, los esclavos africanos estaban sacudiendo al mundo entero. Su levantamiento masivo, en condiciones de increíble adversidad, conduciría a la primera república al sur del Río Grande. Los colonialistas franceses, ingleses, españoles y estadounidenses estaban aterrorizados. En ese momento, la “perla de las Indias Occidentales”, como todo el Caribe, ocupaba un lugar central en el proceso de acumulación capitalista.

La historia de amor entre el capitalismo y la esclavitud

El capitalismo emergente en Europa necesitaba los recursos gigantes de los recursos naturales y el trabajo esclavo para efectuar la “acumulación primitiva” que más tarde explicó Marx. El capitalismo, dijo, no nació de los mansos comerciantes ingleses ni de las divagaciones de Adam Smith, sino “de la sangre y el barro”, del “triángulo de la muerte” que los estados capitalistas habían erigido entre África, el Caribe y América Latina. y Europa.

Además, la nueva república bajo el gran “jacobino negro” Jean-Jacques Dessalines no era “tolerable” para el capitalismo mundial. Franceses, ingleses, españoles lo atacaron, bombardearon, lo rodearon. Estados Unidos (que se independizó en 1776) se unió a los esfuerzos. Cabe recordar que el primer presidente de los Estados Unidos, George Washington, fue él mismo un gran dueño de esclavos. La economía estadounidense dependía en gran medida de las plantaciones de algodón donde varios millones de africanos eran encerrados y torturados, con una esperanza de vida media de cuatro años. La liberación de los esclavos haitianos representó una seria amenaza para este sistema.

Desde entonces, nos explicó Camille Chalmers en la sesión dedicada a la crisis haitiana en la Gran Transición, Haití “no ha dejado de ser la apuesta del dispositivo imperialista como reserva de recursos naturales y mano de obra, reserva biológica y lugar de inter- enfrentamientos imperialistas. En todo el Caribe, el proceso de inserción al capitalismo mundial se ha basado en la depredación, el asesinato de pueblos indígenas y la esclavitud.”

Una revuelta que nunca se detuvo

La historia haitiana marcada con hierro candente por la revuelta de los enclaves continuó en luchas gigantescas que no cesaron, hasta el punto que en 1915, los marines estadounidenses llegaron con fuerza para instalar un régimen de terror. Esta ocupación, que duró hasta 1934, fue escenario de una extraordinaria resistencia que inspiró movimientos de liberación nacional en todo el mundo, especialmente en Centroamérica, donde se produjeron levantamientos en Nicaragua y El Salvador.

En las décadas de 1950 y 1960, el movimiento popular, aún tan rebelde, se enfrentó a la feroz dictadura de François Duvalier, fuertemente apoyado por Estados Unidos. La hora de los incendios se reanudó en la región, hasta la revolución cubana de 1959. En Haití, decenas de miles de opositores, pero también de ciudadanos, fueron asesinados, torturados y exiliados, de los cuales una parte significativa resultó en Montreal. Los regímenes militares de los “gorilas” al estilo de Pinochet que pululaban en el hemisferio habían establecido, creían, una barrera inexpugnable contra la ira del pueblo.

La esperanza de cambio de la que abusan los imperialistas, incluido Canadá

Aquí nuevamente, la historia ha cambiado. En Haití, el pueblo se levantó en 1987 para derrocar a la dinastía Duvalier. Los imperialistas, junto con el estado canadiense, vieron la situación con gran aprensión. Junto con el FMI y las instituciones financieras, han gravado sus “recetas” para perpetuar la subyugación, a través de programas de ajuste estructural. Prepararon el golpe que derrocó al presidente electo Jean-Bertrand Aristide en 1991, en otro terrible baño de sangre. Luego se reorganizó la resistencia, incluso dentro de la vasta diáspora haitiana en Quebec. El regreso de Aristide se impuso en 1994, pero en 2004 se fomentó un nuevo golpe de Estado en Washington y Ottawa. El entonces asesor del primer ministro Paul Martin, Denis Coderre, había estado en el centro de las negociaciones para movilizar a Canadá, Francia y, por supuesto, Estados Unidos, al proyecto de derrocamiento de Aristide.

En los años siguientes, la nueva ocupación militar de Haití bajo el control nominal de la ONU provocó más abusos. “Estados Unidos quería hacer de Haití una especie de laboratorio para la nueva contrainsurgencia urbana. Vieron los grandes movimientos urbanos que venían en todo el hemisferio como la mayor amenaza para su poder ”, según Camille.

La nueva dictadura

Hoy, según Chalmers, se está construyendo una nueva dictadura bajo la égida de una extrema derecha desinhibida con Jovenel Moise y Michel Martelly, a quienes se considera “amigos” en Washington y Ottawa. Esto, por supuesto, está en consonancia con la tendencia actual en la que regímenes de gran brutalidad como el de Bolsonaro en Brasil tienen el mandato de matar al movimiento popular que había levantado la bandera de la democracia desde la década de 2000. Chalmers subraya notablemente el hecho de que la fuerza de la ONU ocupando Haití desde 2004 fue dirigido en gran parte por generales brasileños que hoy se encuentran a la vanguardia del régimen brasileño. En esta dinámica, asistimos a la “privatización” parcial del poder represivo, que en Haití adquiere la apariencia de bandas criminales, en el corazón del tráfico de drogas y, al mismo tiempo, protegido por el aparato represivo “legal”.

Hoy como ayer, el proceso de revuelta continúa su trabajo. Durante dos años, “cientos de miles de jóvenes han ocupado las calles y se han enfrentado, desarmados, a la represión que incluye masacres, asesinatos selectivos, violaciones y la horrible práctica del secuestro que obliga a los ciudadanos a esforzarse para salvar la vida de sus familiares”.

Cabe señalar que según Chantal Ismé, activista solidaria, feminista, comunitaria, antirracista y por la justicia social, “la diáspora de Montreal también se ve afectada por estas extorsiones. Los mafiosos contactan directamente a los familiares de los secuestrados de la diáspora sabiendo que tienen recursos. La gente paga, no tiene otra opción.” Hay más de 91.000 personas de origen haitiano, la crisis es dura para la diáspora, más del 80% de los cuales vive en Montreal. Según Chantal, “la comunidad está tratando de organizarse como resultado de la crisis actual. Como todos los demás, los haitianos no son un grupo homogéneo. Hay corazones rotos.” Los líderes comunitarios están instrumentalizados, particularmente dentro de la casta del aparato del Partido Liberal, federal y provincial. A corto plazo, además, debemos salvar a la gente en el acto. Según informes diversos, ¡al menos la mitad de la población padece hambre!

“Sin embargo, según Chantal, hay una importante movilización en marcha que se concreta en manifestaciones, sentadas, peticiones y interpelaciones al poder, incluso una Carta abierta enviada recientemente a Justin Trudeau, para que la complicidad con los delincuentes en sus puestos en Puerto Príncipe cesa lo antes posible.”

Frente a la escandalosa colusión del estado federal

Mientras tanto, Canadá continúa en el “Grupo Central (Core Group)” con Estados Unidos, Francia y algunos otros estados preocupados por evitar que el movimiento popular imponga una transición justa. “Por eso, según Camille, insisten en presentar la crisis actual como un simple conflicto entre grupos políticos. Quieren elecciones rápidas para permitir que la dictadura se renueve con el apoyo de ciertos sectores de la oposición en gran parte cooptados por los países imperialistas. Mientras tanto, un vasto Frente Patriótico formado por partidos de izquierda y movimientos populares se levanta para decir no a esta estafa.”

Andrés Fontecilla, representante electo de la Asamblea Nacional recordó que durante su último Consejo Nacional en mayo, QS (Québec Solidaire) resolvió solidarizarse plenamente con Haití en concierto con las organizaciones populares y progresistas de la diáspora de Montreal.

https://www.cahiersdusocialisme.org/la-grande-transition-haiti-face-au-dispositif-imperialiste/

Fuente: Haiti no MINUSTAH

¿Y por qué NO A LA MINERÍA?

Una imagen vale más que mil palabras. Hay mayor provecho económico en lo que tenemos y podemos distribuir entre los nuestros que en las regalías que se esfuman de nuestra tierra y la dejan inhabitable, devastada y contaminada. Estas imágenes fueron tomadas en las cercanías de la mina, donde los paisajes son realmente asombrosos, varios con un valor incalculable.

¿Qué pasó en nuestro país que no vemos en el ecoturismo una alternativa viable de extensión de riqueza entre las comunidades? Hay mil y una formas de hacer un plan BIEN PENSADO de turismo comunitario que incentive al poblador de Coclé y Colón a capacitarse y producir ganancias en su propia tierra, en su entorno.

No hace falta que llegue un extranjero a decirnos cómo dar valor a lo nuestro. Me duele Coclé y Colón, y mi país, que no reconozcamos esta belleza que tenemos en frente: áreas protegidas en el Parque Nacional Omar Torrijos Herrera, bosques vírgenes de belleza exhuberante y parte del Corredor Biológico Mesoamericano. Lo diré una mil veces más, NO A LA MINERÍA!!

Por: Sol Katherine Díaz Céspedes. Bióloga. Colectivo Voces Ecológicas COVEC

Fuente: Radio Temblor 

Política e religião: vamos falar sobre isso?

Diante do cenário de entrega do patrimônio publico, de perdas de direitos sociais, de destruição ecológica e da política ambiental, de fome e miséria crescentes, dos cofres públicos sendo delapidados pelas aves de rapina do capital financeiro não podemos deixar de lado a esfera “religiosa” que envolve a vida política no Brasil. Vale nesse momento de nossa história voltar o olhar para a íntima e antiga relação: política e religião.

Como afirma o antropólogo Clifford Geertz , “na verdade a religião nunca desapareceu”. Embora as ciências sociais tenham se afastado dessa reflexão e aprofundado outros fenômenos da modernidade como secularismo, nacionalismo, racionalização e globalização, por entender que vivemos o declínio da hegemonia das religiões sobre os povos, o que vemos, especialmente na América Latina, é o fenômeno crescente das igrejas pentecostais e alianças políticas partidárias fundamentadas no moralismo que se hospeda na comunidade cristã evangélica pentecostal e católica conservadora. 

É nesse ambiente que crescem e se alimentam os fundamentalismos que se aprofundam e podem ser normalizados na cultura de nossos povos. De onde vem o fenômeno do ódio dirigido à população negra, do preconceito violento com as populações LGBTI, da histórica discriminação com as mulheres?

Como não discutir religião e política num país em que a bancada católica autodeclarada da Câmara dos Deputados é de 53% e a evangélica representa 21%? Chama também atenção o fato de que esses números são maiores do que, por exemplo, a presença de mulheres deputadas que representa apenas 15%. Vale lembrar que as mulheres são mais de 51,8% da população brasileira.

O governo brasileiro, liderado por Bolsonaro, vive um momento político pautado no controle dos corpos, no discurso moralista que se protege na cultura religiosa, na defesa do que chamam de bons costumes, na negação da ciência, sempre apostando na fé cega de pessoas que, capitaneadas especialmente por líderes religiosos, acreditam estar do lado do bem, em heroica oposição ao mal.

Desrespeitando normas sanitárias estaduais e municipais para o combate ao coronavírus, acompanhando pelo o ex-ministro da Saúde, Eduardo Pazuello, Bolsonaro voltou a provocar aglomeração neste domingo (23), desta vez no Rio de Janeiro. Sem constrangimento, pudor ou responsabilidade pública, a cena e os discursos revelam que o governo banaliza as quase 450 mil mortes, abomina o uso de máscara, insiste na propaganda de medicamentos sem efeito para o tratamento de Covid-19 e ignora a campanha de vacinação. Nos discursos, Bolsonaro não abre mão de referências a valores relacionados à cultura religiosa. “Temos que agradecer à nossa direita, àqueles que defendem a família, a Pátria e que têm Deus no coração”, disse neste domingo. É ou não é importante falarmos sobre religião e política?

Nesse ambiente sem abertura para diálogos, a religião cumpre um papel social tanto para a elite burguesa quanto para as periferias sofridas: “aguentar”, “suportar”. Paulo Leminski retrata bem essa realidade em sua poesia “Um homem com uma dor”. Os versos dizem que são três os remédios para quem está sofrendo: “Ópios, édens, analgésicos. Não me toquem nessa dor. Ela é tudo o que me sobra sofrer. Vai ser a minha última obra”.

Sonho, paraíso e analgésico é o que procuram as pessoas quando aderem às narrativas com promessas de salvação dos corpos na Terra e no céu, seja na Igreja, seja na hora de escolher seus governantes. Assim testemunhamos a ascensão de um Estado patriarcal, racista, capitalista, patrimonialista (o público é o privado de poucos), monoteísta (Cristo centrista ou Cristo fascista), militarista e grande incentivador da propriedade privada da terra, dos territórios e da natureza.

E se numa roda de conversa escutar a máxima “Política e religião não se discute”? Esse era um modo de nos proteger de enfrentamentos “desnecessários” e manter um ambiente sem confrontos. Diante da ameaça de um sistema político que usa o sentimento religioso do povo para legitimar ações que ferem a democracia, destrói a natureza e mata os pobres de fome, de tiro ou de Covid-19, não há outro caminho possível que não seja abrir esse diálogo e superar enganos históricos que nos fazem acreditar que o confronto de ideias é ruim, que a revolução politica é apenas uma utopia que não se aplica mais aos nossos tempos.

Não devemos! Não pagamos!

Somos os povos, os credores!

                                                      Rede Jubileu Sul Brasil, 24 de Maio de 2021

Fuente: Jubileu Sul Brasil