RADIO TEMBLOR: HONDURAS SUFRE UNA TERRIBLE CRISIS DE DERECHOS HUMANOS

 

Juan Orlando Hernández tomó posesión de su segundo mandato en medio de una profunda crisis social que está muy lejos de acabar. En Tegucigalpa y en varias partes del país, miles de hombres y mujeres sufrían la brutal arremetida de las fuerzas de seguridad.

En su discurso pronunciado en un estadio medio vacío y ante el sólo cuerpo diplomático acreditado en el país -ningún mandatario participó del evento- Hernández abrió la puerta al diálogo y la reconciliación, vaticinando escenarios de paz, progreso y desarrollo que nada tienen que ver con la realidad dramática del país.

Más del 60 por ciento de la población sigue hundida en la pobreza, el 44 por ciento de la cual en pobreza extrema. Los índices de violencia e impunidad siguen situándose entre los más altos a nivel mundial.

– Galería de fotos de la represión del #27/E

– Un pueblo movilizado que se niega a vivir arrodillado (video)

Además, la corresponsabilidad de las principales instituciones en la legitimación del fraude electoral, así como el uso desproporcionado de la fuerza para intentar acallar las multitudes que se han levantado contra este abuso, han contribuido a derrumbar lo poco que quedaba de la institucionalidad en Honduras.De acuerdo con el Monitoreo de violaciones de derechos humanos en la coyuntura del fraude electoral realizado por la Coalición contra la Impunidad, entre el 26 de noviembre 2017 y el 23 de enero 2018 se registraron 33 muertes de personas que participaban en la protesta contra el fraude electoral.

Asimismo, se registraron más de 200 personas heridas, más de 1350 detenidas, 34 personas desplazadas por violencia y más de 60 casos de grave violación a la libertad de expresión. También hay una persona desaparecida.

En particular, los derechos a la libertad de expresión, opinión e información fueron estratégicamente atacados por las fuerzas militares y policiales para mantener el manto de silencio y el cerco mediático.

Esta estrategia se llevó a cabo tanto con ataques sistemáticos contra destacados defensores y defensoras de derechos humanos y líderes del movimiento social, como contra medios de comunicación alternativos.

Un Estado Violador de derechos humanos

“Estamos ante un Estado completamente violador de los derechos humanos, que no sólo quiere reprimir la protesta contra el fraude, sino que lo hace con crueldad, de forma deshumanizada, violentando los protocolos internacionales”, dijo a La Rel, Gilda Rivera, directora del Centro de Derechos de Mujeres (CDM), una de las 40 organizaciones que integran la Coalición.

Principales responsables de las violaciones en el marco de la crisis post electoral son las fuerzas de seguridad del Estado, en especial la Policía Militar de Orden Publico (PMOP), las Fuerzas Armadas y la Secretaría de Seguridad a través de la Policía Nacional y la Dirección Policial de Investigación (DPI).

En el informe se identificaron 11 patrones de violación de los derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad, entre otros, uso desproporcionado de bombas lacrimógenas, allanamientos ilegales, aplicación de castigos y humillaciones públicas y empleo de instrumentos militares y policiales no autorizados.

También se registró la infiltración de agentes de seguridad en las protestas para identificar a líderes y dirigentes, acciones de seguimiento, hostigamiento y persecución, y el uso desproporcionado de la fuerza en contra de personas detenidas.

La Coalición contra la Impunidad señala también el “papel deficiente e irrelevante” del Mecanismo Nacional de Protección de Defensores y Defensoras de Derechos Humanos

“Honduras vuelve a colocarse como un país donde no existe el marco legal formal de respeto a los derechos humanos para quienes se oponen a la dictadura.

Sufrimos una violencia de Estado, con instituciones cooptadas por los grupos de poder económico y político, que tienen muy clara su estrategia represiva y que son expertas en reprimir, violentar derechos y acosar a la población”, aseguró Rivera.

Un pueblo que resiste

El informe evidenció también la reacción de la población al fraude electoral, subrayando las diferentes formas de resistencia y lucha.

“Los actores sociales y políticos de esta coyuntura opuestos al fraude electoral son los movimientos sociales, las organizaciones territoriales, las organizaciones campesinas, comunitarias y pueblos originarios.

En las movilizaciones ha sido protagónico el papel de las mujeres, de la juventud y los sectores de clase media.

Defienden con profunda dignidad el respeto a la soberanía popular contra quienes violentan la Constitución. Ha sido lo más trascendental en estos dos meses de lucha”, concluyó Rivera.

Honduras: Reprimen movilización contra investidura presidencial (+ fotos)

Gas, violencia y entronización

Por Giorgio Trucchi | LINyM

Cientos de manifestantes que protestaban contra el fraude electoral y la toma de posesión del mandatario saliente, Juan Orlando Hernández, fueron reprimidos con lujo de violencia por las fuerzas de seguridad del Estado en varios puntos de la capital y del país.

Una vez más, los cuerpos represivos hicieron un uso desproporcionado de la fuerza, lanzando cientos de bombas lacrimógenas y persiguiendo a las y los ciudadanos que rechazan el fraude electoral y la imposición de Hernández como presidente para los próximos cuatro años.

Hernández fue juramentado este sábado en un estadio nacional que lucía con visibles espacios vacíos y ante el sólo cuerpo diplomático acreditado en el país. Ningún mandatario participó del evento.

La represión dejó un saldo de varias personas heridas, otras fuertemente afectadas por los gases. En este momento la represión continúa en varios puntos de  Tegucigalpa y en el norte de Honduras.

De acuerdo con el informe presentado este viernes por la Coalición contra la Impunidad, 33 personas fueron asesinadas, cientos heridas y más de mil han sido detenidas en el marco de la crisis post electoral. Más de 30 han tenido que abandonar el país. 64 defensores y defensoras de derechos humanos están sufriendo hostigamiento y persecución. De todos estos casos, solo uno ha sido judicializado. La impunidad es total.

De acuerdo con la Coalición, existen 11 patrones de violencia que involucran a los cuerpos de seguridad del Estado, en particular la Policía Militar, las Fuerzas Armadas y los cuerpos especiales de la Policía Nacional.

Una violencia organizada y estructurada que se ha desatado a partir del 27 de noviembre pasado contra quienes protestan contra el fraude electoral, que impuso a Juan Orlando Hernández por cuatro años más en la silla presidencial.

Fuente: Nicaraguaymas

LA MILITARIZACIÓN DE LOS RECURSOS NATURALES

La influencia de los Estados Unidos sobre el territorio latinoamericano no es ninguna novedad, pero en los últimos años la militarización del continente con el motivo de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado podría estar ocultando otro motivo: el aseguramiento de recursos naturales estratégicos para un país dependiente en materia energética.

Desde la década de los setenta los Estados Unidos de América han sufrido un proceso de estancamiento económico importante. A pesar de todos los esfuerzos de las nuevas Administraciones para contrarrestar los efectos del mandato de George W. Bush, la herida provocada por el ataque a las Torres Gemelas el 9 de septiembre del 2001 y los fantasmas de la crisis del 2008 parecen no haber desaparecido.

A sus bajos niveles de productividad se suman su menor participación en el PIB mundial, los déficits de su balanza comercial, la financiarización progresiva de su economía y los problemas de corrupción dentro de su sistema bancario. Todo ello permite explicar, de manera somera, cómo los EE. UU. han tenido serios problemas para mantener su hegemonía. Después de todo, el poder del país siempre ha residido en su economía; sobre ella se ha edificado su poderío militar y la influencia cultural al extender por el planeta un estilo de vida propio en el que se articulan la libertad y la riqueza material como elementos esenciales de su hegemonía.

La idea de un mundo unipolar en donde EE. UU. es el líder absoluto e indiscutible comienza a cuestionarse con la aparición de nuevos y desafiantes actores en el panorama internacional. Tanto la Unión Europea como los tigres asiáticos representan una amenaza constante para el Gobierno estadounidense, que cada vez tiene más dificultades a la hora de dictar las reglas en el mundo. A esto se suma la presencia de países como Brasil, Rusia, India y China, que intentan hacer un grupo económico de contrapeso frente a los Estados Unidos.

Asimismo, el impacto de la crisis económica de 2008 no tuvo precedentes: provocó la caída de varias instituciones bancarias y financieras consideradas “demasiado grandes para fracasar”. El atentado sufrido el 11S ya había significado un duro golpe para un país que se pensaba invulnerable ante las amenazas externas. Fue después del ataque cuando se dio un aumento explosivo del gasto en defensa y en investigación y desarrollo para el estudio de nuevas soluciones tecnológicas con que enfrentar la amenaza, en detrimento del gasto otrora dedicado al desarrollo social del país. El problema de la crisis financiera también contribuyó al empobrecimiento de la clase media y obligó al Gobierno a tomar medidas drásticas tanto en el interior como al exterior.

Otra de las características principales de esta nueva situación comprometida es que ocurrió en el marco de lacrisis energética. Esta se encuentra estrechamente relacionada con el agotamiento de recursos naturales estratégicos, como el agua, los minerales y el petróleo, que pasan a convertirse en un asunto de seguridad nacional y, por ende, vinculados a las fuertes políticas de militarización que ha ejecutado el Gobierno estadounidense a lo largo y ancho del planeta a través de la creación de iniciativas como la Doctrina de Seguridad Nacional.

La seguridad nacional después del 11S
Con la intención de resolver sus problemas económicos y de seguridad, el Gobierno de EE. UU. se encargó de diseñar dos documentos. El primero, producido por iniciativa de un grupo neoconservador organizado en el año 2000 alrededor del Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense, planteaba preservar la pax americana recurriendo a misiones militares que garantizaran asegurar y ampliar las regiones “democráticas y pacíficas”, desalentando el surgimiento de nuevas potencias rivales y defendiendo regiones claves, entre otras medidas, por lo que se hizo necesario fortalecer la red de bases militares en todo el mundo, incluyendo América Latina y el Caribe.

En el segundo documento se establecían objetivos como fortalecer las alianzas para derrotar al terrorismo mundial, trabajar para prevenir ataques en contra del país y sus aliados, desactivar los conflictos regionales, emprender una nueva era de crecimiento económico mundial a través de mercados libres y el libre comercio y transformar las instituciones de seguridad nacional de EE. UU. para enfrentar los retos y oportunidades del siglo XXI.

Ambos documentos se convirtieron en ejes fundamentales de la Administración estadounidense para América Latina, una región señalada por el discurso gubernamental oficial como no prioritaria —al menos en el campo de la inversión y el comercio— frente a Asia y Europa—, pero en la que hubo un incremento exponencial de presencia militar estadounidense.

Gran parte de estos recursos son destinados a incrementar la seguridad nacional interna, pero sobre todo el poder del Departamento de Defensa y las Fuerzas Armadas en la asignación de recursos para programas de corta duración que influyen sobre cuestiones de control democrático y fortalecimiento de capacidades civiles. Por lo tanto, todo parece indicar que Latinoamérica tiene una fuerte relevancia para los EE. UU., pero, si no es comercial ni de inversión, ¿en qué radica esta importancia?

Una Historia de dominio
El empeño estadounidense de erigirse como fuerza imperialista dominante en Latinoamérica no es ninguna novedad; en realidad, se trata de un fenómeno que viene sucediendo desde finales de 1823 con la creación de la doctrina Monroe. En ese documento, el país recién independizado estableció que América era para los americanos —del norte—, en referencia a que no permitirían que los europeos volviesen a entrometerse en la región.

Este intento por establecer su supremacía en el continente se confirmó años más tarde con el “destino manifiesto”, basado en la creencia de un pueblo elegido por Dios —el de las trece colonias— como aquel destinado a garantizar la libertad y democracia para todas las naciones del continente y el mundo. En otras palabras, se trataba de una ideología cuyo objetivo era justificar los intentos de expansión geográfica y política de EE. UU. De ahí la anexión de la mitad del territorio mexicano durante el siglo XIX, la compra de Alaska, el control de Cuba por medio de la enmienda Platt o la conversión de Puerto Rico en un Estado libremente asociado.

El siglo XX fue testigo de las incursiones estadounidenses en Latinoamérica a través de las políticas del “gran garrote” y el “buen vecino”, la Alianza para el Progreso y la Organización de los Estados Americanos (OEA). Así, durante la Guerra Fría, el Gobierno de EE. UU. financió campañas políticas y golpes de Estado para derrocar a Gobiernos democráticos bajo la excusa de proteger a América Latina del comunismo. En este contexto, durante la Conferencia Internacional de los Estados Americanos de 1954, la OEA declaró que la actividad comunista constituía una intervención en los asuntos internos americanos y que la instalación de un régimen de esta naturaleza implicaba una amenaza al sistema.

Con el fin de la Guerra Fría y la consiguiente desaparición de la amenaza comunista, Estados Unidos se quedó sin argumentos para mantener su política intervencionista en el continente hasta 1992, año en que se aprobó el Protocolo de Washington, en el cual quedó delimitada una nueva forma de autoritarismo político, económico y militar que establecía la democracia representativa como la única forma de Gobierno legítima en América Latina, la creación del Área de Libre Comercio de las Américas y el aumento de la presencia militar directa de EE. UU. en la región, lo que permitió una profundización de su presencia económica y política, así como una mejor vigilancia de la democracia, la regulación migratoria, el tráfico de drogas y la lucha contra el terrorismo.

¿La clave son los recursos?
Uno de los problemas más acuciantes de Estados Unidos está relacionado con el agotamiento de sus recursos naturales estratégicos y la dependencia que esto le ocasiona frente a otros países en el mercado internacional. Si nos atenemos específicamente al petróleo, se puede apreciar inmediatamente la gravedad del problema: la superpotencia es el mayor consumidor mundial de este recurso y aproximadamente el 50% de todo el petróleo bruto que importa proviene de países latinoamericanos y caribeños, como Ecuador, Brasil, Trinidad y Tobago, Argentina, México y Venezuela, lo que refleja una fuerte dependencia en materia petrolera. Es conveniente recordar que el continente americano es el poseedor del 24% de las reservas mundiales de este recurso y que Venezuela posee la segunda reserva comprobada de petróleo más grande del planeta, solamente por detrás de Canadá.

Incluso si se consideran fuentes energéticas alternativas como los biocombustibles, la dependencia sigue sin superarse. Estados Unidos, a pesar de ser el mayor productor de etanol en el mundo, es menos eficiente que Brasil, su competidor más cercano, por lo que también se ve en la necesidad de importar dicho producto, de modo que también es el mayor importador de biocombustibles del planeta.

Frente a este problema, Washington tiene mucho por qué preocuparse, sobre todo en la coyuntura actual, en la que los países latinoamericanos comienzan a expresar su preocupación y defender sus recursos naturales con más frecuencia. Venezuela es un ejemplo de ello; basta recordar que Chávez amenazó en diferentes ocasiones con cortar el suministro de petróleo a la nación del norte. Otros ejemplos muy próximos los encontramos en la Bolivia de Evo Morales, quien nacionalizó diversas empresas explotadoras de gas en 2006, y el Ecuador de Rafael Correa, que litigó contra las empresas petroleras estadounidenses que dañaban el medio ambiente y no querían someterse al nuevo régimen de ganancias extraordinarias.

Esta preocupación fue incluso mencionada en 2006 por el subcomité estadounidense de Recursos Energéticos Nacionales al señalar que el país corría el riesgo de ser cercado por Irán, Venezuela, Rusia, Nigeria y Bolivia, de manera que no pudiera contar con el uso de la energía como arma. Por ello, a principios del siglo XXI, muchas empresas estadounidenses vieron sus activos reducidos a la mitad como resultado del nacionalismo energético, así como la decadencia de su influencia en la medida en que los países latinoamericanos iban creciendo.

Por si fuera poco, China e India comenzaron a demandar cada vez más recursos energéticos para sostener su crecimiento, lo que dificultó aún más la competencia por estos derivados en el mercado mundial. Un ejemplo de ello ocurrió en 2005 cuando los Gobiernos chino y venezolano firmaron acuerdos para la explotación de gas y petróleo. La potencia asiática firmó convenios similares con países como Brasil, Ecuador, Bolivia, Perú, Colombia, Cuba y Argentina, con lo que incrementaba su presencia en la región.

No obstante, el petróleo no es lo único que le interesa a los EE. UU. América Latina cuenta con otros recursos imprescindibles, como el agua y una larga lista de minerales, muchos de ellos estratégicos e inexistentes en el territorio de la superpotencia del norte, así como una biodiversidad inmensa llena de bondades aún por descubrir.

Militarizando el continente
En el contexto de las nuevas formas de dominación estadounidense en América Latina por medio de la Doctrina de Seguridad Nacional, también se pueden encontrar el daño medioambiental, la inmigración ilegal y el tráfico de drogas, que dividen la región de formas dispares: los problemas ambientales se centran en los países que comparten la Amazonia, el narcotráfico en los de la región andina y los migratorios en América central, principalmente —aunque el país más afectado en los tres casos es México—.

En todos ellos se pueden detectar operaciones gestionadas desde la Casa Blanca con el único objetivo de proteger sus intereses. Ejemplo de dicha situación lo encontramos en Brasil, que, temiendo perder soberanía sobre su territorio amazónico, asumió un rol destacado en la política ambiental mundial mediante la instalación de un inmenso Sistema de Vigilancia de la Amazonia (Sivam). En 2001 salió a la luz que la empresa estadounidense ganadora de la licitación para instalar los equipos de monitoreo fue ayudada por la red de espionaje Echelon, lo cual evidencia la manipulación ejercida para controlar una de las áreas más ricas en biodiversidad y recursos del planeta.

En otros países, sobre todo aquellos vinculados a la producción de drogas, esa manipulación ha sido cada vez más evidente y ha tenido un profundo carácter militar. Muestra de ello es que, desde finales de los ochenta, Bolivia, Colombia y Perú involucraron a sus ejércitos en operaciones antinarcóticos con entrenamiento y asistencia del Gobierno de Estados Unidos, lo que a la postre marcaría la llegada del Plan Colombia, que facilita la entrada de tropas estadounidenses bajo el pretexto de combatir al narcotráfico.

La elección del territorio colombiano para su implementación no fue al azar, ya que esta nación se encuentra en el corazón de la que probablemente sea la cuenca petrolera más importante del mundo, la venezolana, y con balcón sobre la Amazonia, la mayor reserva vegetal y acuífera del planeta, lo que lo convierte en un punto geoestratégico de gran relevancia.

Por su parte, México firmó un documento similar al colombiano conocido como Iniciativa Mérida, que amplía la frontera estadounidense hasta el sur de dicho país para detener con fuerzas de seguridad mexicanas el tránsito de inmigrantes centroamericanos, así como luchar la guerra contra el narcotráfico inaugurada durante el mandato del presidente mexicano Felipe Calderón.

Después de los ataques del 11S se percibió un impacto mucho más visible en las relaciones de seguridad —militares y civiles— entre Washington y América Latina. Bajo esta tónica, EE. UU. llegó a señalar que un tercio de los grupos terroristas diseminados alrededor del mundo operaban dentro de la región y que ello implicaba un peligro para su país, lo que dio como resultado la aplicación de múltiples estrategias para interrumpir el mercado de drogas.

Posteriormente, estas declaraciones servirían como justificación para la reactivación de la IV Flota estadounidense, inactiva desde finales de la II Guerra Mundial, algo que su Marina consideró un reconocimiento de la inmensa importancia de la seguridad marítima del sur del continente y una forma de enviar señales poderosas a toda la sociedad civil y marítima de Latinoamérica.

Bajo vigilancia permanente
Estados Unidos siempre ha procurado ejercer un rol importante en el mundo desde que se independizó como país. Por su parte, América Latina ha sido desde siempre uno de los blancos favoritos de esta nación para llevar a cabo experimentos económicos, políticos y sociales. Entendido de esta manera, el militarismo actual no sería más que otra manifestación de la política imperialista de los EE. UU. sobre el continente, agravado quizás por su proximidad geográfica, pero sobre todo por la emergencia de los recursos naturales.

Los problemas económicos de EE. UU. han venido aumentando en los últimos años, lo que acarrea una pérdida de influencia en el mundo entero. Tanto la Doctrina de Seguridad Nacional como la Iniciativa Mérida, el Plan Colombia y la reactivación de la IV Flota se revelan como intentos por recuperar su otrora hegemónico poder sobre la región y garantizar el flujo de recursos naturales estratégicos.

En un contexto en el que no hay más lucha política contra el comunismo, los recursos naturales pueden servir para justificar la creciente militarización de América Latina. Al contrario de lo que indican los dos documentos concernientes a la seguridad nacional de EE. UU., la presencia de 39 bases militares y 46 bases itinerantes hace pensar que la región es más prioritaria de lo que parece.

Aunque los estadounidenses han perdido su capacidad para controlar a través del consenso los designios de las naciones latinoamericanas, esto no significa que se hayan retirado plácidamente. Estados Unidos perdió mucha de su capacidad política dentro de la región, pero también ha ganado presencia militar. Pareciera como si intentara sustituir el consenso de otros años por la violencia, algo que en última instancia puede resultar muy peligroso para los habitantes de América Latina.

Por: Por Roberto Ryder López. Economista con estudios en Filosofía y Máster en Estudios Latinoamericanos por el Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca. Especialista en geopolítica y geoeconomía de América Latina. Twitter: @robryder88

Fuente: Radio Temblor

Ayotzinapa: Marcha a 40 meses de la desaparición de los jóvenes

A tres años y 4 meses de la desaparición forzada de los 43 estudiantes las familias exigen verdad y justicia.

Tras la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa se llevó a cabo este viernes una concentración en la capital mexicana.
Tras la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa se llevó a cabo este viernes una concentración en la capital mexicana.
Estas fueron algunas de las consignas que se escucharon durante la marcha de este viernes: "Justicia para Ayotzinapa" "Nos faltan 43" y "Te busco hermano".
Estas fueron algunas de las consignas que se escucharon durante la marcha de este viernes: “Justicia para Ayotzinapa” “Nos faltan 43” y “Te busco hermano”.Foto:Reuters
40 meses de impunidad, injusticia e incertidumbre para las 43 familias del Estado de Guerrero.
40 meses de impunidad, injusticia e incertidumbre para las 43 familias del Estado de Guerrero.Foto:24Morelos
Los 43 jóvenes fueron atacados por la policía del municipio Iguala, la noche del 26 de septiembre de 2014.
Los 43 jóvenes fueron atacados por la policía del municipio Iguala, la noche del 26 de septiembre de 2014.Foto:Reuters
La Fiscalía mexicana alega que fueron incinerados por miembros del cártel Guerreros Unidos y lanzados en el basurero de Cocula (localidad cercana a Iguala), pero expertos forenses argentinos y los familiares negaron esa versión.
La Fiscalía mexicana alega que fueron incinerados por miembros del cártel Guerreros Unidos y lanzados en el basurero de Cocula (localidad cercana a Iguala), pero expertos forenses argentinos y los familiares negaron esa versión.Foto:Reuters
El Gobierno de Enrique Peña Nieto se comprometió en el 2016 a emprender una nueva búsqueda, hasta ahora la Fiscalía no ha dado detalles certeros sobre el posible paradero de los estudiantes.
El Gobierno de Enrique Peña Nieto se comprometió en el 2016 a emprender una nueva búsqueda, hasta ahora la Fiscalía no ha dado detalles certeros sobre el posible paradero de los estudiantes.Foto:Reuters
Familiares denunciaron el desinterés desde un principio del gobierno y exigen que se cumplan las cuatro líneas de investigación.
Familiares denunciaron el desinterés desde un principio del gobierno y exigen que se cumplan las cuatro líneas de investigación.

Fuente: teleSUR

El Ministerio de las Colonias (OEA) y el beneplácito al fraude en Honduras

Sambo Creek 24 de Enero del 2018.- La actitud dócil asumida por la OEA, la que el día de ayer manifestó “su firme intención de trabajar en el futuro con las autoridades electas de Honduras” demuestra que a pesar de sus dudas sobre el proceso, manifestada en múltiples ocasiones, no se ha convertido en un impedimento para aceptar el gobierno espurio que surge de un fraude electoral preparado de antemano, con el asesoramiento de estrategas en materia de hackeo y adulteración de resultados a través de apagones cibernéticas.

Definitivamente los casos de Haití (2016) y Honduras(20170 forman parte de los anales de la historia de los fraudes en América Latina, sumados al legado de dictaduras militares que sacudieron  el continente, especialmente en el período denominado como la “guerra fría”.

El mensaje es claro para las elecciones presidenciales en Costa Rica, Paraguay, México, Colombia, Brasil y Venezuela, además de los comicios parlamentarias en Perú y El Salvador. No importan los resultados electorales sino quien recibe el reconocimiento de los Estados Unidos y la Unión Europea.

La narrativa de los derechos humanos ha entrado desde el arribo a la Casa Blanca de Donald Trump, en un severo retroceso, donde los “negocios” son más importantes que cualquier responsabilidad moral.

Queda claro que los famosos Acuerdos de Cartagena, les fue sustraída su esencia “democrática” y convertido en una simple salida política destinada a la crisis surgida por el golpe de estado del 2009, el que fue perpetrado con la venia de la administración Obama-Clinton.

Honduras en los últimos 8 ha años padecido de un estado fallido, incrementado por la simbiosis existente entre el crimen organizado y funcionarios políticos afianzados dentro del régimen. Todo parece indicar que las acciones emprendidas por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos se encuentra supeditada al Departamento de Estado, dando lugar a que las supuestas órdenes de extradición emitidas en contra de ciudadanos hondureños, sean actividades de acuerdo a los intereses políticos de laCasa Presidencial en Tegucigalpa.

El uruguayo Luis Almagro al aparentemente no lograr que el Consejo Permanente de la OEA se reuniera para analizar el caso del fraude en Honduras, demostrando de esta forma el papel decorativo asumido por el organismo en cuestión, el cual ante el espaldarazo de la administración Trump, optó paulatinamente acatar las ordenes imperiales.

La reapertura de la fallida Secretaría de Derechos Humanos -surgida de los Acuerdos de Cartagena- resucita el elefante rosado creado por la administración de Porfirio Lobo, el que se se plegó durante varios años al lema propiciado por su administración de “calladitos se ven más bonitos”; dando lugar a un silencio sepulcral, mientras Honduras se convirtió en cementerio clandestino.

La OEA al conformarse con el fraude, apertura una etapa en la historia política del continente, en la cual las tiranías asumen una fachada democrática, reduciendo las elecciones a un simple trámite que se efectúa al final de cuenta en las embajadas de los países “cooperantes”.

Organización Fraternal Negra Hondureña, OFRANEH

Fuente: OFRANEH

24E, La batalla contra la IN Justicia brasileña

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Este 24 de enero el Tribunal Regional Federal 4 de Brasil deberá resolver si condena a Lula da Silva a nueve años y medio de prisión por un supuesto hecho de corrupción. Según sus acusadores, Lula recibió un departamento de forma injustificada. Sin dudas con esta situación no está en juego un proceso judicial contra un ex mandatario, sino una estrategia política de la derecha brasileña que usa su brazo judicial para desprestigiar a quien puede poner un freno a las iniciativas de las clases dominantes y su plan anti-popular en las próximas elecciones presidenciales de 2018. Una vez más se vuelve a poner en disputa el proyecto reaccionario e imperialista para toda Nuestra América.

Desde ALBA Movimientos acompañamos y hacemos nuestra la lucha de los movimientos sociales y políticos de Brasil contra el golpe institucional realizado contra la Presidenta Dilma Rousseff, acometido por los más corruptos y reaccionarios partidos políticos, lacayos todos del imperio. Ahora, levantamos nuestra voz junto a la de los trabajadores y trabajadoras del gigante del sur y gritamos: Sin LULA es Fraude.

En Porto Alegre se librará una batalla política-judicial y mediática que sin duda definirá el mapa electoral de las próximas elecciones presidenciales brasileñas, ya que el ex- presidente Lula encabeza todas las encuestas. Sabemos que no se puede confiar en un sistema jurídico y político que no representa ni a la democracia ni a las mayorías y que ha quedado desenmascarado desde el golpe a Dilma en 2016. También sabemos que los discursos “anticorrupción” son una fachada endeble e hipócrita que mira con un solo ojo porque el neoliberalismo es corrupción institucionalizada, es el robo de los bienes y recursos del pueblo para favorecer a uno pocos, tal como el gobierno de Michel Temer lo demuestra.

Desde nuestra articulación venimos proponiendo que la democracia no es solo el ejercicio de votar. Democracia es participación protagónica del pueblo; es socializar la riqueza; es tener un poder judicial “justo” y democrático; es tener medios de comunicación no concentrados en un puñado de empresarios; es tener autodeterminación del pueblo y soberanía plena frente a los poderes imperialistas y frente al mercado. Por eso venimos debatiendo el sentido restringido que se le ha dado a las democracias en varios de nuestros países. Creemos que la democracia representativa y liberal no alcanza, pero tampoco sobra. Y ese piso mínimo de participación también es atacado por las élites locales y mundiales cuando sus posibilidades de ganar son escasas. Competir electoralmente es su última opción y lo que sucede en Brasil es un ejemplo de ello.

Llamamos a todos las fuerzas políticas y sociales del continente a solidarizarse con el plan de lucha en defensa de la democracia en Brasil y en defensa de la candidatura de Luis Ignacio Lula Da Silva. Ya que Lula no solo es el candidato de un determinado partido, tampoco es solo el representante de un proyecto neodesarrollista- como lo fue en sus primeros mandatos- hoy Lula se ha convertido en un símbolo de la resistencia de los y las trabajadores/as de Brasil y es la esperanza de un nuevo ciclo anti neoliberal en Nuestra América que fortalezca la integración de la Patria Grande.

Aun cuando esta batalla es estratégica, tenemos la convicción de que la lucha no empieza ni acaban allí en las instituciones ni en las urnas ya que un sistema político corrompido y corrupto solo puede ser vencido en las calles, con movilizaciones populares y participativas donde se puedan expresar las voces que los medios hegemónicos ocultan, de aquellos que son perseguidos por la “in-justicia”, de quienes son explotados día a día para enriquecer a un grupo cada vez mas pequeño de empresas sin patria ni vergüenza.

Los movimientos del continente decimos:

Sin Lula hay fraude
Más democracia para los pueblos
Fora Temer

23 de enero de 2018

Fuente: Alainet