El miércoles 20 de agosto, a las 17h00, el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL), la Agencia Latinoamericana de Comunicación (ALAI) y el Foro de Comunicación para la Integración de NuestrAmérica; organizan el conversatorio Geopolítica de la comunicación e integración regional: retos y perspectivas. Este será un espacio de discusión e intercambio entre los participantes sobre la realidad comunicacional de los países de la región.
El impulso de la integración regional bajo nuevos parámetros plantea respuestas posibles ante el actual escenario internacional; marcado por diversas crisis y el reordenamiento geopolítico frente al último cuarto de siglo, expresado, entre otros, en las BRICS, el G77+China y la consolidación de bloques regionales. También, a diferencia del modelo de “libre comercio” de las décadas anteriores, plantea la cooperación en lo político, social, educativo, conocimiento, cultura, etc.
Paradójicamente, cuando se cataloga al siglo XXI como el de “la comunicación”, por el impacto de las nuevas tecnologías de comunicación e información (NTIC), esta no consta en la agenda de estos procesos. Sin embargo, al no contar con flujos de comunicación que alimenten el conocimiento mutuo, la hermandad y la cooperación entre pueblos, difícilmente podrá concretarse la aspiración de proyectar estos procesos como “integración de los pueblos”.
Por lo tanto, el conversatorio examinará esta problemática desde diversas perspectivas: geopolítica, académica, mediática y organizativa. También abordará algunas iniciativas en curso.
Se contará con las intervenciones de: Sally BURCH; representante de la Agencia Latinoamericana de Información; Alfredo SERRANO, Director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica; Pedro BRIEGER, Director de Nodal y, Francisco SIERRA, Director General de CIESPAL. Será moderado por Nelsy LIZARAZO, de la Agencia Pressenza IPA.
Si requiere de mayor información, comuníquese con el área de Capacitación de CIESPAL a los teléfonos: 2/567966 2/506-132.Emails: seminariosytalleres@ciespal.net o mrobayo@ciespal.net.
En forma imprudente, el gobierno de Cartes ha incrementado el endeudamiento del país en 1.000 millones US$. La deuda “soberana” incrementa en más de un 60% el saldo de la deuda externa, si consideramos también la contraída por Franco.
¿Cuáles son las características de estos denominados bonos “soberanos”? Que el gobierno no requiere presentar ningún plan ni proyecto, sino que emite “soberanamente” bonos en el mercado financiero internacional, que es el que fija la tasa de interés en el mismo momento de la subasta y que, en el caso de los bonos “soberanos” de Cartes, fue de 6,1%/año, una tasa relativamente alta. No hay que olvidar que Venezuela ofrece una tasa de apenas 2%/año, con dos años de gracia, la tercera parte del costo financiero de tales bonos “soberanos”; la banca multilateral, como el BID, BM, CAF y otros, según el caso, ofrece también tasas menores.
En el caso de los bonos “soberanos” tampoco hay ningún banco que reciba la solicitud de crédito, que lo sopese y lo apruebe. Y, lo que es más importante, nadie le da seguimiento ni evalúa su aplicación, controlándola. En el caso de los bonos “soberanos” no existe ningún control. Es lo que ocurrió con el crédito de unos 500 millones US$ conseguidos de Taiwán durante el gobierno de González Macchi, usados en forma totalmente descontrolada, con nefastos resultados.
Lo que es más grave aún, el Paraguay –Cartes– renunció expresamente a su soberanía, aceptando plenamente los tribunales de Nueva York ante cualquier conflicto o controversia. Así, en caso que los bonos “soberanos” no puedan ser pagados en su momento –vencen dentro de 30 años– nos exponemos a que en Nueva York decidan cuánto tendremos que pagar, algo parecido a lo que le ocurre hoy a la Argentina con los denominados fondos “buitre”. De hecho, cualquier fondo “buitre” puede comprar los bonos “soberanos” emitidos por el Paraguay, pues se negocian en la bolsa de Nueva York y cualquiera –aún un fondo “buitre”– los puede comprar.
¿Era necesario contraer préstamos tan peligrosos y costosos, a más de poco controlables? Esta es la otra cuestión a considerar. En el Paraguay la presión tributaria es bajísima. Los sectores de mayor renta, como la agro exportación (soja, otros granos), la carne/ganadería, el latifundio, la producción de cigarrillos, los celulares y el negocio financiero, entre otros, pagan exageradamente pocos impuestos. El mismo Congreso –que no es muy progresista que digamos– sancionó una ley para que la exportación de granos en estado natural pague un 10% de impuesto, pero Cartes vetó la ley.
¿Por qué, antes de endeudar peligrosamente, incontroladamente y costosamente al país, no se le cobra impuestos a quienes están haciendo fortuna aceleradamente? ¿Cómo se va a construir una nación, si es que quienes tienen que pagar impuestos no lo hacen?
Endeudarse acelerada e irresponsablemente, cediendo soberanía y a altas tasas de interés, no es la mejor solución. Cartes nos está llevando a un terreno de peligroso endeudamiento que amenaza a nuestro futuro. Los bonos “soberanos” son, en verdad, una pérdida total de soberanía y un riesgo mortal para ésta. Lo ideal sería no utilizarlos y cancelarlos de inmediato.
Los recursos para el desarrollo deben provenir de impuestos a cobrar a los que más riqueza acumulan, como en todos los países del mundo, particularmente si es que no generan significativos puestos de trabajo. O bien, en última instancia, de instituciones de crédito serias, que evalúen y aprueben responsablemente las solicitudes presentadas y, por sobre todo, que controlen su uso.
Ricardo Canese.
parlamentario del Mercosur (PARLASUR) y Secretario de Relaciones Internacionales del Frente Guasu.
Después del golpe va consolidándose el poder fáctico de las transnacionales
La expansión acelerada del monocultivo de soja transgénica en Paraguay ha dejado tras de sí un rastro de destrucción y desolación, que pone en serio riesgo la soberanía alimentaria del país, así como la vida de miles de familias campesinas y pueblos indígenas, que son expulsados de sus lugares de orígenes y que ven violados sus derechos históricos y ancestrales. Paraguay ocupa el sexto lugar en producción de soja y el cuarto como exportador a nivel mundial.
De acuerdo con datos del Instituto Panamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), la cosecha de soja 2012-2013 marcó un récord en producción -más de 9 millones de toneladas- en un área de 3.2 millones de hectáreas.
Esto significa un aumento de la superficie cultivada con soja transgénica -patentada por un 95 por ciento por Monsanto y comercializada principalmente por ADM, Cargill, LDC y Bunge- del 109 por ciento en los últimos 10 años y del 460 por ciento en las últimas dos décadas.
Concentración de la tierra 2% de los propietarios acumula el 80 por ciento de las tierras
La expansión acelerada del cultivo de soja transgénica, que actualmente abarca más del 70 por ciento de la tierra cultivada, en un país donde el 2 por ciento de los propietarios acumula el 80 por ciento de las tierras, ha significado el desplazamiento de la población campesina e indígena, la desaparición de bosques y el crecimiento exponencial del uso indiscriminado de agrotóxicos.
El IICA señala que el 87 por ciento de la superficie total cultivada con soja se encuentra en manos de medianos y grandes productores, al tiempo que la población rural y la agricultura campesina van reduciéndose cada día más, afectando gravemente la soberanía alimentaria del país.
Monocultivos y pérdida de diversidad agrícola, Más contaminación y menos bosques
Casi la tercera parte del territorio de la región oriental de Paraguay está cultivado con soja transgénica, y Monsanto prevé expandir sus cultivos hacia la región occidental (Chaco), avanzando sobre territorios que son de reforma agraria.
Asimismo, el más reciente informe de la Alianza Biodiversidad sobre los impactos de la soja transgénica en Paraguay, estima que entre 1991 y 2009 el país perdió más de 3.2 millones de hectáreas de bosque nativo, es decir el 15.34 por ciento de la superficie total.
También reporta que, durante la zafra 2007-2008, en los cultivos de soja se usaron más de 21 millones de litros y más de 1.9 millones de kilogramos de agrotóxicos, entre otros el Glifosato (5.3 millones de litros), Paraquat (6.6 millones de litros), Endosulfán (3.2 millones de litros), Cipermetrina y Acefato (2 millones de litros).
“Desde su ingreso en forma ilegal en la década de los 90, la soja transgénica y el modelo agroexportador han venido causando gravísimos impactos sociales y ambientales, sobre todo en las comunidades más vulnerables que son las campesinas e indígenas”, dijo a La Rel, David Cardozo, gerente del Programa de Diversidad Biológica y Cultura de la organización Sobrevivencia | Amigos de la Tierra Paraguay .
Cardozo señaló que ya hay abundante evidencia de las graves afectaciones a la salud provocadas por el uso indiscriminado de agrotóxicos, principalmente del glifosato, ingrediente activo del Roundup, el herbicida producido por Monsanto.
“Ya se han detectado decenas de casos de pérdidas de embarazos, malformaciones congénitas, trastornos gastrointestinales, así como el aumento de cáncer.
Tenemos también los casos de Silvino Talavera, de 11 años, y de las hermanas Adelaida y Adela Álvarez Cabrera, de 3 años y 6 meses respectivamente, quienes fallecieron trágicamente tras ser embestidos por las fumigaciones”, recordó Cardozo.
Criminalización de la protesta Y violación de los Derechos Humanos
La masacre ocurrida en Curuguaty durante el desalojo de las tierras estatales de Marina Cué, donde perdieron la vida 11 campesinos y 6 policías, no solo sirvió a los sectores más retrógrados del país, coludidos con el gran capital agroexportador transnacional, para dar un golpe de Estado parlamentario al entonces presidente Fernando Lugo, sino que permitió borrar los avances logrados hasta entonces.
“Durante el gobierno de facto de Federico Franco se procedió a liberar, de forma ilegal, nuevos cultivos de soja, algodón y maíz transgénico, violentando la normativa nacional que prevé la elaboración de estudios de impacto ambiental y experimentación controlada por un lapso de dos años. Eso continúa con el nuevo gobierno de Horacio Cartes”, explicó el directivo de Sobrevivencia Amigos de la Tierra Paraguay.
Además, señaló que existe una preocupante y creciente criminalización y judicialización de la protesta contra la expansión del cultivo de soja y el modelo agroexportador en general.
Durante la última década se registra un aumento exponencial de los desalojos y desplazamientos violentos, las detenciones y el asesinato de quienes luchan por el acceso a la tierra y contra la expansión de este modelo depredador.
“Es un modelo violador de los derechos humanos, que usa el hostigamiento, la persecución, y la represión para restringir las libertades y continuar concentrando tierra y territorios”, concluyó Cardozo.
Este breve artículo es respuesta del artículo “Una nueva esperanza para Haiti” publicado por Ban Ki-Moon en El País.
El Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, visitó Haití recientemente. Como buen embajador, aprovechó para anunciar a bombo y platillo una campaña de lucha contra el cólera (que se había anunciado ya en 2012 y lleva un año en funcionamiento) y compartió con los medios su visión sobre el buen trabajo que están haciendo en Haití los organismos de Naciones Unidas y los cascos azules de la MINUSTAH (la Misión de Naciones Unidas de Estabilización para Haití).
Olvidó en su lectura de lo que sucede en Haití que fueron precisamente los cascos azules de Naciones Unidas los que causaron la epidemia de Cólera en octubre de 2010 por una criminal negligencia, al no proveer a sus destacamentos con la infraestructura de saneamiento necesaria y permitir que soldados nepalís infectados de cólera viajasen al país. Criminal negligencia que se ha llevado 8.500 vidas por delante y más de 700.000 infectados. Olvidó decir que Naciones Unidas ha denegado toda responsabilidad argumentando que gozan de inmunidad en sus misiones. Olvidó también las numerosas denuncias por violaciones de derechos humanos y agresiones sexuales por parte de los cascos azules en el país
Obviamente no es de esperar que Ban Ki-Moon se centre en los aspectos no tan positivos del papel de Naciones Unidas en el país caribeño, pero si sorprende el nivel de cinismo al que llega el que obvia una parte tan relevante de la realidad.
Durante una visita reciente que realicé a una comunidad rural de Los Palmas, Haití, tuve la oportunidad de conversar con familias afectadas directamente por la epidemia del cólera, que aqueja al país desde el terremoto de 2010. Un hombre me explicó que la enfermedad no solo había causado la muerte de su hermana, sino que su suegra también había fallecido durante su intento de llegar al hospital más cercano durante el cual caminó varias horas. Él y su esposa se hacen cargo ahora de cinco sobrinas y sobrinos que quedaron huérfanos. Actualmente en Haití historias como esta no son raras. En efecto, miles de personas en todo el país han padecido pruebas y tragedias similares.
Sin embargo, también hay señales de esperanza. Mediante una mayor participación de la comunidad y cambios en las prácticas de higiene se ha eliminado el cólera en Los Palmas y el pueblo vecino de Jacob –una inversión espectacular de la situación de hace algunos años– y se ha reducido el riesgo de contraer otras enfermedades transmitidas por el agua. Por ejemplo, una familia que conocí me mostró orgullosamente un nuevo filtro de agua.
Este enfoque basado en las comunidades será esencial para el éxito de la campaña de saneamiento total que el primer ministro de Haití, Laurent Lamothe, y yo pusimos en marcha en Los Palmas durante mi visita. Al alentar la inversión doméstica en letrinas higiénicas durables, proporcionar productos y servicios sanitarios mejorados a precios accesibles y garantizar que las escuelas y centros de salud tengan infraestructuras adecuadas de agua y saneamiento, la iniciativa mejorará las condiciones de salud de tres millones de personas en zonas de alto riesgo durante los próximos cinco años. Poco antes de salir del pueblo, pusimos simbólicamente la primera piedra de una nueva fuente de agua potable.
La campaña es la medida más reciente de una operación integral apoyada por las Naciones Unidas para eliminar el cólera de Haití. La ONU y el gobierno haitiano crearon recientemente un comité de alto nivel al que se encargó la implementación de una estrategia integral que abarca todos los aspectos de la prevención y la respuesta ente el cólera, incluyendo mayor asistencia para familias y comunidades.
Además, el Ministerio de Salud de Haití y la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud están iniciando la segunda fase de una iniciativa de vacunación financiada por la ONU para atender a 600,000 personas en las regiones donde persiste el cólera; en los próximos dos meses se tiene previsto vacunar a 200,000 personas y a 300,000 más para finales del año. Durante la primera fase, que se realizó el año pasado, se vacunó a 100,000 personas.
Estos esfuerzos ya han reducido significativamente los daños provocados por la epidemia. Durante los primeros meses de este año, el número de casos y de muertes provocadas por el cólera disminuyó en un 75% en comparación con el mismo periodo de 2013, con lo que se llegó al nivel más bajo desde que comenzó el brote.
Es cierto que en Haití sigue existiendo el mayor número de casos probables de cólera en el hemisferio occidental –algo inaceptable en un mundo con tantos conocimientos y tanta riqueza. No obstante, el país está en camino del éxito. Así como el cólera se ha eliminado en otros ambientes difíciles en todo el mundo, también puede eliminarse en Haití.
Las perspectivas de Haití también están mejorando en otras áreas, debido en parte al compromiso de la ONU con el país. Desde 2004, laMisión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) ha estado trabajando para mejorar el ambiente de seguridad, apoyar los procesos políticos, fortalecer las instituciones gubernamentales y proteger los derechos humanos. También desempeñó un papel fundamental en la estabilización y reconstrucción del país después del terremoto de 2010.
Como resultado de los esfuerzos de la MINUSTAH –y de otros organismos de la ONU– la situación en materia de seguridad ha mejorado considerablemente, gracias a un poder judicial más fuerte y a una policía nacional más eficiente. Mientras tanto, las tasas de inscripción para educación primaria se han disparado del 47% en 1993 a casi el 90% actualmente.
Dada la fragilidad política y social que perdura, una economía débil y unas finanzas seriamente limitadas, el progreso duradero de Haití dista de estar asegurado. A fin de mejorar sus probabilidades de alcanzar sus metas de desarrollo, Haití debe llevar a cabo sus planes para celebrar en unos meses elecciones legislativas y locales que se debieron realizar hace mucho, y elecciones presidenciales el próximo año. Los líderes de todo el espectro político de Haití deben superar sus diferencias para garantizar que el proceso electoral se lleve a cabo de manera justa, y de ese modo impulsar el Estado de derecho, proteger los derechos humanos y consolidar los cimientos democráticos del país.
El apoyo sostenido de la comunidad internacional también seguirá siendo esencial. Lo más urgente es la ayuda de 2,2 mil millones de dólares que necesita Haití para financiar su Plan Nacional de Eliminación del Cólera de diez años de duración. Hasta ahora, solo se ha movilizado el 40% de los 448 millones de dólares que se deben invertir en los primeros dos años para alertas tempranas, respuesta rápida, agua,saneamiento y vacunas, y solo se ha comprometido el 10% del total.
El pueblo de Haití tiene toda la compasión y la firmeza que se necesitan para superar la epidemia de cólera y lograr un desarrollo económico incluyente. Sin embargo, la comunidad internacional –en particular las instituciones financieras internacionales que trabajan en la región– deben asumir su responsabilidad y apoyarlo. Me conmovió profundamente la hospitalidad y la compasión de que fui testigo en Los Palmas. No obstante, también comprendo que los haitianos esperan que su gobierno y la ONU cumplan las promesas que se hicieron ese día. Si todos hacemos nuestra parte, podemos dar a los haitianos el futuro más sano próspero que se merecen.
Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas.