En un escenario de cambio climático y usurpación del agua por parte del extractivismo, la industria nuclear es una de las amenazas más peligrosas para la humanidad. No obstante, se continua promoviéndola, con fuertes implicancias para todo el resto de la cadena de la industria uranífera, por sus supuestos aportes para mitigar los efectos de ese mismo cambio climático.[1] Es en ese marco que planteamos resumir su desarrollo y denunciar su actual subordinación, en Argentina, a los planes estratégicos y de seguridad militar estadounidense.
El desarrollo de la industria nuclear debe contextualizarse a la par de la carrera armamentística. Con un primer ciclo ya agotado que inicia en occidente después de la segunda guerra a través del programa “Átomos para la Paz”, en donde el foco es el control logístico del material fisionable. De este modo, se expande desde el corazón del aparato militar de los EEUU, la industria nuclear solapada para uso civil (industria nucleoeléctrica) sobre los países socios de occidente que desarrollan capacidades militares (armas atómicas).
A su vez Rusia sobre todo (ex URSS), y luego China, inician en paralelo y consolidan sus propios planes de desarrollo, sosteniendo la tensión nuclear en el periodo de guerra fría bajo el esquema de “destrucción mutua asegurada”. Estos países se posicionan a escala planetaria disputando hegemonía y convergen en lo más alto del vértice de la toma de decisiones, a través de la conformación de espacios y organismos internacionales como el G7/G8 y el Consejo de Seguridad de la ONU.
Actualmente el parque industrial nuclear de todos los países que participaron de este primer ciclo se encuentra obsoleto, con reactores nucleares cuya vida útil ha caducado y teniendo que enfrentar altísimos costos económicos de desmantelamiento y pasivos ambientales muy complejos a lo largo de toda la cadena industrial uranífera (minería, elaboración del combustible, producción de energía en reactores, disposición final del residuo o basura radioactiva).
El crecimiento de China en las últimas dos décadas, abre un segundo ciclo que lidera actualmente, manteniendo el mayor ritmo de nuevos reactores emplazados y otros tantos en fase construcción. En este caso, es el partido único que gobierna (PCCh) a la par del aparato militar, quien planifica sobre un mismo horizonte las necesidades energéticas para el desarrollo a futuro del país junto a las capacidades nucleares. Otra vez la industria nuclear vuelve a ser impulsada en el marco de la carrera armamentística.

Agustín Saiz, de Biblioteca Popular Antifascista.
En este esquema, en los últimos años Argentina ha jugado un papel fundamental, aunque sea por motivos diferentes, frustrando la expansión y el posicionamiento de la industria nuclear china en la región. Las grandes movilizaciones en la Patagonia obstaculizaron la instalación del reactor de potencia Hualong One (HPR1000) en Rio Negro en 2017 y posteriormente los esfuerzos del Movimiento Antinuclear de la Republica Argentina (MARA), se trasladaron para impedir la llegada de ese mismo reactor a la ciudad bonarense de Zárate, donde actualmente funciona el polo nuclear de las Atuchas. Bajo el gobierno de Milei y el giro a la extrema derecha, la alianza estratégica entre China y la Argentina se interrumpió y los contratos nucleares al día de hoy han quedado en suspenso.
Recientemente es el Departamento de Guerra de EEUU quien le está dando impulso al desarrollo del nuevo mercado de reactores “modulares”, una tecnología más accesible a escala local. En el marco de la reciente orden ejecutiva 14299 (Mayo 2025), EEUU relanza su programa para la “Implementación de tecnologías avanzadas de reactores nucleares para la seguridad nacional” con el fin de “garantizar un suministro de energía resiliente, seguro y confiable para las instalaciones de defensas críticas”. Según este decreto, a pesar de su potencial “esta tecnología no se ha utilizado en los EEUU a la escala ni a la velocidad necesaria para satisfacer las urgentes necesidades de seguridad nacional”. Por lo que se le asigna al Secretario del Ejército las funciones necesarias para su despliegue y rápido financiamiento.
La producción argentina de reactores modulares estaría ingresando en este esquema, dentro de la órbita del aparato militar de los EEUU, a través del Programa de Infraestructura Fundamental para el Uso Responsable de la Techología de Reactores Modulares Pequeños (FIRST), ya firmado por ambos países. Argentina se incorpora como socio contribuyente, quedando absorbido bajo el paraguas del desarrollo de tecnología nuclear para la defensa de los EEUU, el viejo proyecto de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) de fabricar reactores nucleares modulares.
De este modo los dos reactores modulares actualmente en fase de desarrollo toman destino incierto. El proyecto CAREM, llevado adelante desde el 2007 por NASA y CNEA, posiblemente sea descontinuado en medio de las diferentes disputas y debates, que incluye la polémica sobre el posible espionaje cibernético desde los EEUU. Lo cierto es que a pesar de su avanzado desarrollo, el CAREM por sus propias características, tiene pocas posibilidades de competir en el mercado mundial. Más atractivo en cambio resulta como proyecto, el reactor ACR3000 patentado por la empresa estatal INVAP y vendido recientemente a una empresa estadounidense. En Argentina se especula con su implementación para abastecer futuros “hubs” de Inteligencia Artificial, replicando el modelo de energía más militarización que se repite como fórmula desde los EEUU hacia sus países satélites.
En paralelo el plan nuclear argentino, que operó como política de estado desde 2007 a partir del gobierno de Néstor Kirchner, se encuentra hoy agotado en un final de ciclo. Con los reactores Atucha 1 y Embalse con sus vidas útil extendidas y Atucha 2 con un factor de carga que tal vez sea el más bajo de la industria desde su puesta en marcha (2014), el parque nuclear argentino quedó atrapado en una tecnología obsoleta.
Además, quedan pendientes de resolver las deudas sociales y ecológicas que ha generado: los pasivos ambientales diseminados en diferentes puntos del país (las minas abandonadas de San Rafael, la ruptura de la membrana de contención en Los Gigantes, el cúmulo de basura radioactiva de Dioxitek conocido como “el Chichón”, la contaminación de Tritio de Embalse, etc.) y los efectos aún no diagnósticados de la radioactividad en la población expuesta, en algunos casos, a dosis por encima de los estándares internacionales como en Zárate donde operan las Atuchas.
El plan nuclear argentino se adapta y transforma dentro del nuevo esquema global en transición hacia un reparto multipolar del poder. En nuestro caso bajo el ala de los EEUU, quien ya ha definido a nuestro territorio como su área de influencia; por los riesgos implícitos que conlleva, ya no es posible dejar al alcance de sus adversarios el material fisionable que produce esta industria. Por lo tanto, toda la experiencia recogida en el “know how” del sector nuclear argentino, desarrollado durante tantas décadas, junto con su infraestructura, se adaptan a las nuevas exigencias de subordinación y control.
Sobre las cenizas de un modelo que tanto impacto ha generado, surge una etapa con rumbo desconocido. La industria nucleoeléctrica trae escondida entre sus manos los intereses estratégicos del Departamento de Guerra de los EEUU. El binomio de energía y militarización vuelve a repetirse, como lo ha hecho desde siempre, a lo largo de la historia en otras partes del mundo, como avanzada del imperialismo pero ahora también en nuestro territorio. Por lo que la lucha antifascista por la soberanía popular precisa redoblar los esfuerzos por sensibilizar, organizar y movilizar a la ciudadanía ante las amenazas que presentan la industria nuclear, vinculándolos aún más con otras luchas por los territorios, el agua, la energía y los derechos, y en contra de la impunidad imperialista empresarial, financiera, política y militar.
– Agustín Saiz, Biblioteca Popular Antifascista (Campana, Argentina)
I Conferencia Internacional Antifascista por la Soberanía Popular
Conversatorio “La lucha antifascista por la soberanía popular energética, financiera y del agua”, Porto Alegre, Brasil, 27/3/26
[1] Saiz, Agustín, “La crisis nuclear en el escenario del cambio climático”, No hay planeta B, Ediciones Herramiento y Huella del Sur, Buenos Aires, 2025. https://huelladelsur.ar/2025/12/15/la-crisis-nuclear-en-el-escenario-del-cambio-climatico/





